Es hora para decidirse

Aunque 40% de los votantes se auto identifican como “independientes” lo cierto es que en realidad son entre un 10% y 15%. El resto es, en su mayoría, “closet republicans” que no desean identificarse públicamente con un partido que cada día se hace más intolerante y francamente turulato. Y por eso se quedan allí, escondiditos en el armario, pero a la hora de apretar el botón o poner la X en la boleta electoral, siempre terminan votando por los nombres con la R al lado.

Gran parte del inmenso caudal de las campañas electorales de ambos partidos se invierte en tratar de convencer a este estrecho sector de los votantes de que se bajen de la cerca y caigan de pie a un lado o el otro. Pero muchos tienen el fondillo de acero y allí se quedan empalados, tratando de decidir con cual candidato se tomarían una cerveza, que es la forma más estúpida de elegir a un gobernante que jamás se haya inventado.

Algunos ven esta posición como una virtud o un acto de heroísmo, pero en un sistema electoral donde sólo existen dos partidos políticos viables, los “independientes” juegan principalmente el papel de aguafiestas.

Su razón de ser fuera válida si existiera un Partido Independiente que recogiera las mejores ideas, sin importar su etiqueta, que beneficiarían al país en general. Por el momento tal partido no existe a nivel nacional.

Por eso es importante estar bien informados como votantes y no decidir a quién darle el voto por sus características personales. Sus ideas y las del partido que representan deben ser el faro que alumbre el camino. Este concepto lo siguen mejor los republicanos y conservadores, quienes votarían por Mickey Mouse si este les prometiera levantar una cerca eléctrica en la frontera, rescindir la ley del aborto, bajar los impuestos a los ricos y eliminar cualquier tipo de regulación a los negocios.

Los demócratas no. Ellos buscan la perfección y critican a los suyos con premeditación y alevosía por la menor infracción o percepción, a veces errónea, de una promesa no cumplida.

¿Cuánta gente sabe o recuerda que en diciembre del 2010 el “DREAM Act” fue aprobado en la Cámara de Representantes con un voto de 216 a 198 para luego ser derrotada en el Senado 55 a 41?

Pocos, por supuesto, ya que constantemente se escuchan las críticas de que no se ha hecho nada. Obviamente, los críticos tampoco entienden la importancia de que el Presidente tenga un Congreso que apoye su agenda. Los que se quedaron en sus casas en las elecciones de medio término cargan parte de la culpa.

Pocos saben o recuerdan que fueron los demócratas quienes nos dieron las leyes que más benefician al pueblo, tales como el seguro social, Medicare, educación, derechos civiles para las minorías, protección a los trabajadores y muchas más.

Se acerca la hora de que los “independientes” abandonen su papel de prima donnas, se bajen de la cerca y decidan qué le conviene al país. Por seguro se beneficiarán sus hemorroides y sus convicciones.

Como dice la canción Ni chicha ni limoná del chileno Víctor Jara: “Usted mire, oiga, no es na’ / ni chicha ni limoná / se la pasa manoseando / caramba zamba su dignidad”.