Fue una elección apática

Voluntarios mantuvieron vivo el proceso lento y lleno de apatía

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Fue una elección apática
Una sola votante en esta sala de votación, es una muestra de lo que se vivió ayer.
Foto: Ciro Cesar / La Opinion

Armado con un periódico del día, un libro para aprender griego y otro para “ordenar” las finanzas (The Money Class) Luis Orendain llegó ayer a las 5:45 a.m. a una iglesia de Los Ángeles.

Luego de participar en siete votaciones, este empleado de la Oficina del Tasador del condado sabía que le esperaba un día largo, aburrido y con mucho tiempo disponible para la lectura. “Traigo lo que quieras”, dijo Orendain, mientras hurgaba dentro de una mochila.

Ayer, su trabajo consistió en dirigir a los votantes a su casilla correspondiente y asistir a una docena de trabajadores electorales, unos experimentados y otros novatos, que como él también trataban de mantenerse ocupados para no caer en el fastidio de una votación primaria.

No estaban en juego puestos relevantes (alcalde, gobernador o presidente), por eso Orendain anticipaba una jornada lenta, con un puñado de electores por la mañana, un letargo a lo largo del mediodía y una cantidad importante de votantes por la tarde-noche. Así pasó.

A unas cuadras de ahí, en otro templo, Ubaldo Álvarez, originario de El Salvador, participaba por primera vez como representante de casilla, con la idea de tender la mano a quienes no hablan inglés y evitar que, como una vez atestiguó, pasen un trago amargo al sufragar.

“Mi mayor motivación es ayudar a los hispanos. Si una persona tiene una mala experiencia se va”, comentó Álvarez, quien obtuvo la ciudadanía estadounidense en 2008.

Recibiendo un pago de 80 dólares por un servicio de al menos 12 horas, casi 21,280 personas en todo el condado mantenían viva una de tantas jornadas apáticas. Es tan baja la compensación que reciben, que la Oficina del Secretario del condado los considera voluntarios.

Voto en Los Ángeles

“Es más la voluntad y el deseo de estar activos el día de la votación”, explicó Cecilia Gómez Reyes, portavoz de la dependencia.

Pocos son los requisitos para convertirse en representante de casilla. Los más importantes: estar registrado en el padrón y estar disponible el día de la elección. Ni siquiera se les exige asistir a una capacitación previa de dos horas, por la cual reciben una paga de 25 dólares.

“Es una buena experiencia. Tus amigos y vecinos vienen, conoces gente”, expresó Tony Gómez, quien ayer colaboró en un precinto del vecindario angelino El Sereno, donde, en las primeras tres horas de la contienda, apenas habían acudido unas 30 personas.

En otros sitios la participación era todavía más baja. Sólo cinco personas se habían acercado en ese período a un precinto en la Calle 25, en Pico-Union. “Es que todos están trabajando ahora”, justificó Angie Sánchez, una estudiante que se registró como asistente electoral para servir a su comunidad.

María Pérez, de 22 años, lo hizo para vivir una nueva experiencia. “Ha sido bueno. Es mi primera vez. Es fácil”, dijo interrumpiendo la lectura de folletos del condado. No había más para leer. En su casilla, instalada en una iglesia sobre el bulevar Wilshire, por varios minutos nadie acudió a votar.