Castigue pero sin violencia

Padres no se ponen de acuerdo en cuál es la mejor forma de reprender a sus hijos.

Castigue pero sin violencia
En la campaña 'Educa, no pegues', se define al castigo físico como "el uso de la fuerza causando dolor, pero no heridas, con el propósito de corregir una conducta no deseable en el niño".
Foto: Thinkstock

NUEVA YORK – Con opiniones divididas, se expresaron varios padres consultados sobre si era correcto castigar físicamente a los hijos.

“Una buena nalgada a tiempo es necesaria”, dijo Tobita Ramos, madre de un menor de cinco años, mientras que Leboria Reina calificó el “diálogo como la mejor manera de reprender a un hijo”.

Mariana Rodríguez, madre de dos hijos varones de 12 y 14 años, apuntó que “el castigo físico es algo que viene arraigado a la educación y las costumbres que heredamos de nuestros mayores. “Cuando fuimos pequeños, nuestros padres nos corregían con una cachetada o una nalgada y por eso nosotros, de grandes, repetimos el mismo comportamiento sin pensar si está bien o está mal.”

Un reciente estudio, conducido por un grupo de investigadores del North Shore-LIJ Health System, documenta que aunque sea una simple nalgada, el castigo corporal podría desencadenar consecuencias adversas. Y que un alto porcentaje de adultos, que fueron castigados cuando eran pequeños, tienen una gran incidencia de padecer de desórdenes mentales.

Varios de los entrevistados opinaron que los resultados del mencionado estudio son “exagerados”.

“Cuando se habla de castigo corporal no se puede hablar de violencia”, subrayó Fabián Jiménez, padre de una niña de 10 años. “Tuvo que haber golpes severos en la niñez para que alguien tenga problemas mentales en su edad adulta”.

Dolly Sacristán, doctora en Trabajo Social y psicoterapeuta afirmó que los castigos se deben dar de acuerdo a la edad de los menores. Aclarando que el castigar físicamente a un niño “es un mensaje erróneo que se le está dando, ya que con violencia se puede llegar a generar violencia por parte del niño”.

El informe en cuestión, dice además que, el castigo tal como una nalgada o golpes o zamarreo, puede estar relacionado directamente con la ansiedad, la depresión, el abuso en el uso de substancias y otros desórdenes de tipo mental.

Sobre este particular Sacristán, sostuvo que cuando se presentan condiciones mentales en una persona, “generalmente se atribuyen además a otro tipo de factores que rodearon al menor en su hogar como abuso de sustancias o violencia permanente”.

Según Adriana Gutiérrez Vélez, madre de dos hijos adolescentes, “yo nunca castigué corporalmente a ninguno de mis hijos, jamás, porque siempre me pareció algo relacionado con brutalidad y no con corregir a los hijos”.