Jacquelyn Aluotto en campaña contra la miseria neoyorquina

Desde que nació aprendió a tener compasión y a darse por completo a los menos afortunados

Tenía ambas manos en el volante y sus puños lo apretaron más fuerte cuando, camino a su trabajo, escuchó en la radio un segmento sobre niños “homeless”; aquéllos que transitan una vida plagada de interrogantes –¿dónde comeré?, ¿Dónde dormiré?, ¿Iré a la escuela?– cuando todo debería ser certezas.

Jacquelyn Aluotto siguió guiando hasta llegar al pub irlandés donde es mesera y compartió con sus compañeros las cifras que había escuchado. “Estaba realmente enojada. ¿Cómo es posible que en Nueva York, la ciudad del derroche y la abundancia haya chicos sin un hogar seguro y con hambre?”.

Para su sorpresa, su indignación no tuvo el eco que esperaba. “Lo que me decían era: ‘bueno, es inevitable. La pobreza, la corrupción, están ahí desde hace mucho, muy arraigados.’ Pero ¿y qué tal si hubiéramos sido así de conformistas con la esclavitud?” reflexiona.

Hija de hippies, cuenta que le enseñaron desde que nació a tener compasión y a brindarse a los menos afortunados. Jacquelyn, de 36 años, se ha obligado a tener encuentros cercanos con las plagas sociales contemporáneas.

“Comencé de chica siendo voluntaria en el Covenant House de la calle 41. Después me interesé por las mujeres víctimas de violencia y los lugares donde les brindan asistencia. Hoy creo que puedo decir que conozco todos los ‘shelters’, ‘soup kitchens’ y ‘safe havens’ de aquí, de Nueva Jersey y hasta de Detroit y Texas. He ido a todos”.

Quizás por eso las palabras de la radio resonaron fuerte en sus oídos; porque ella conoce a esos niños. “Muchas de las mujeres que huyen de los golpes son madres y se llevan a sus hijos con ellas en ese camino itinerante porque no quieren que su niña crezca con la idea de que todos los hombres son violentos y escupen y trompean o que su niño repita las conductas del padre. Entonces están allí en los refugios y centros de ayuda”.

De sus múltiples visitas y conversaciones con ellas en lugares como “Strengthen our Sisters” en Passaic y en “underground” “shelters” surgió un documental que Jacquelyn filmó sin experiencia detrás de la cámara y después de devorar dos libros: ‘Filmmaking for dummies’ y ‘Rebel without a Crew’.

“Lo único que tenía clarísimo es que estas mujeres y sus niños habían confiado en mí y que yo no podía defraudarlas, tenía la enorme responsabilidad de hacer un buen trabajo contando sus historias”.

La película, ‘Not in My Backyard o NIMBY por sus iniciales’, dio inicio a una serie, titulada NIMBY Experience. “Básicamente es el mismo concepto: Que no haya abuso, violencia ni gente sin hogar aquí en nuestro propio patio”, explica la joven.

Pero el gran cambio proviene de una pregunta que ella misma se planteó, determinada a involucrar a mucha más gente en la erradicación de estas problemáticas. “Me dije qué es lo que nos engancha: el glamour, la belleza, la juventud y los famosos. Ahí supe que junto a ellos podía lograr darle una cara sexy a todos estos temas que son sombríos y tristes”.

El primer famoso que se alistó en el proyecto es el puertorriqueño Luis Guzmán quien, recientemente, protagonizó How to Make it in America. “Vio mi documental y le encantó. El fue activista y trabajador social antes de convertirse en actor y tenemos convicciones parecidas. Un día me planteó: ‘Jac ¿Qué te parece si me convierto en homeless en las calles de Nueva York?'”.

THE NIMBY PROJECT – PSA from RBRW on Vimeo.

Durante tres días el actor, acostumbrado al constante afecto de fanáticos y admiradores, pasó a ser invisible. “Parece que a la gente le incomoda mirar a un ‘homeless’ a los ojos. Hicimos que Luis se sentara cerca del Metropolitan Museum, por ejemplo, donde pasan miles de personas a diario y sólo un par le dirigieron la palabra o le dieron algo de dinero”, comenta Jacquelyn que fue quien dirigió el film de 45 minutos.

Irreconocible, Guzmán recorrió casi todos los barrios de Manhattan, durmió a la intemperie y en algunos refugios como The Bowery Mission.

“Me gusta la forma en que funciona el Bowery porque la gente que lo necesita puede llegar y siempre les dan un lugar. En la mayoría de los ‘shelters’ hay mucha burocracia y hay que llamar con anticipación para reservar y además no todos califican. Es una percepción bastante extendida que los ‘homeless’ están en la calle porque así lo desean y que es fácil pero no hay nada más denigrante que ser invisible a los ojos de nuestros pares”.

Una famosa que se anime a no tener documentos y a enfrentar a la policía; un actor que intente ser atendido en un hospital sin tener seguro médico. Un par de famosos que se besen y se topen con la discriminación que sufren algunos por su identidad sexual.

Esto, afirma, “recién comienza y va a terminar cuando por fin podamos decir con orgullo que nada de esto sucede en nuestro ‘backyard'”.

Para más información: rbrw.org