Una sequía centenaria ¿y qué consigues?

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Un artículo de Christopher Schwalm, Christopher Williams y Kevin Schaefer en el The New York Times nos pinta el mayor reto que enfrentamos este siglo.

Los autores dicen que las recientes sequías y el calor inédito son parte de un pronóstico climático centenario. Olas de calor, sequías, inundaciones, incendios y aspectos climatológicos extremos forman parte del cambio climático inducido por el ser humano, y que sólo se darán con mayor frecuencia.

Todo esto se está convirtiendo en una nueva “normalidad”.

Se anticipa menos lluvia en el oeste estadounidense durante los próximos 80 años, menos que el promedio que resultó de la sequía de cinco años de duración que golpeó la región entre los años 2000 y 2004.

En el oeste esta circunstancia excederá la de la Cuenca de Polvo de los 1930, con un número mayor de años de sequedad desde los albores del siglo. Las cronologías derivadas de anillos de los troncos de árboles que llevan la cuenta a largo plazo del clima indican que la actual sequía en el oeste de los EE.UU. ya es la más severa de los últimos 800 años.

Los expertos en la climatología nos dicen que pasaremos por menos productividad agrícola, una mayor carencia de recursos hídricos, y el secuestro de carbono (cuando las plantas convierten en oxígeno el carbón). Anteriormente habían reportado en una revista científica que las plantas ya han reducido 50% el dióxido de carbono que normalmente procesan en la fotosíntesis, a causa de la sequía.

Ya. Esto es suficiente para meterle pavor a cualquiera de nosotros que haya tomado el curso de biología en la escuela.

Pero antes de dejar esta información sobre la repisa donde guardamos las cosas inconvenientes de considerar hasta vernos obligados a considerarlas sí o sí, hay más que añadir, lo cual podría hacer tumbar la repisa.

Las importantes cuencas fluviales indican una reducción en los caudales de entre cinco a 50% La producción de los cultivos del oeste se ha reducido en 13%, y en muchos casos locales los cultivos no han prosperado.

La sequía afecta a aproximadamente el 75% del territorio de los Estados Unidos.

La producción del maíz en los Estados Unidos podría reducirse a su nivel más bajo en los últimos 17 años.

La sostenibilidad agrícola de México se perdió ante el libre comercio y la industrialización, en lo que la gente dejó los campos en busca de mejores ingresos. Una gran parte del territorio mexicano se ha secado a más no poder, y se ha reducido la producción de maíz, dejando lugar a la importación de un maíz inferior y de productos agrícolas cuestionables, genéticamente modificados. Ha sufrido también la producción de alimentos de pastoreo, ya que los pastos requieren de la lluvia y el agua de riego en las regiones norte y centro del país.

Además, los nuevos niveles de precio para el maíz y la soja producidas en los EE.UU. les presentan otro reto más, al menos a corto plazo, a México, Centro América y el Caribe, quienes dependen de la importación de alimentos de los Estados Unidos.

Esta circunstancia se presenta en un momento en el que la Organización Mundial de Alimentos ha reducido sus cálculos de la producción de arroz a nivel mundial, debido principalmente a la falta de lluvia en Asia y en las islas del Pacífico.

Esto tiene un impacto en el resto del continente. Un editorial del diario La Jornada en la Ciudad de México: “El país se encuentra ante el riesgo de una hambruna”. Al escribir “riesgo”, la implicación de los redactores, tal y como se da también en los EE.UU., es que el hacer caso omiso de la sequía, el fingir que no existe, el ofrecer fantasías y retórica de payaso sin enfrentar lo seco que se ha vuelto todo y matar el tiempo hasta después de los comicios no es una manera de enfrentarse al reto.