Tania Libertad: una voz sin fronteras

La artista peruana Tania Libertad, radicada en México, celebró en San Francisco 50 años de carrera.
Tania Libertad: una voz sin fronteras
El conmovedor recital de Tania Libertad se llevó a cabo en el histórico teatro Herbst.
Foto: Raúl Ayrala / El Mensajero

SAN FRANCISCO.- Hacía doce años que no cantaba en San Francisco. Pero dedicó uno de sus mejores requiebros a quienes la vieron el sábado 8 de septiembre. “No vengo muy seguido, pero cuando estoy en casa pensando en mis canciones, pienso también en un público querido como el de esta ciudad. Aquí en San Francisco nacieron muchas cosas, entre ellas, derechos para todas las personas”.

Y tal vez fue casualidad, pero es notable el hecho que Tania Libertad que fue embajadora de la paz nombrada por la UNESCO se haya presentado nada menos que en el mismo lugar en que se firmó la Carta fundacional de las Naciones Unidas: el hermoso teatro Herbst, en el edificio de los Veteranos de Guerra, frente a la alcaldía.

Prometió que iba a recorrer Latinoamérica con su música, y cumplió con canciones de esas que “todos conocemos”. Gracias a la vida, de Violeta Parra, que según dijo, aprendió de Mercedes Sosa. Un bolero de su compañero de dos discos, Armando Manzanero: Por debajo de la mesa, “adaptado por nosotros al ritmo afroperuano”. Hizo cantar y bailar a todos con Fina estampa de Chabuca Granda.

Antes, en una conferencia de prensa el viernes, Tania Libertad recordó la despedida a Chavela Vargas en el D.F., de la que participó. “Su vida casi era un corrido. A finales de los ochenta, yo iba constantemente a verla cantar. Nunca había visto a una persona que me conmoviera tanto. Ella me dedicaba siempre canciones, y yo no podía parar de llorar”. Dice que no la vio por algunos años hasta que supo de su viaje a España, y que se había puesto mal. “Quiso regresarse a México, y sabía que estaba por dejarnos. El homenaje fue hermoso.

Era de esas artistas que casi ya no quedan, de larga carrera y de larga permanencia con el pueblo”. Como ella misma, podría decirse. Y haciéndose eco de las palabras de Lila Downs, que también despidió a Vargas con su música, Tania Libertad aclara que “Chavela hubo una sola. Se rompió el molde, no hay otra igual. Las demás no somos menos o más, somos distintas. No hay herederas de Chavela, ni de Chabuca, ni de Violeta [Parra]. Esas personalidades son irrepetibles”.

Desde el año 1995, Tania Libertad no pertenece a ninguna disquera. Por eso, dice “era la que menos tenía posibilidades de que me reconocieran con el Grammy Latino a la excelencia y a la trayectoria (que aceptó en el 2009). Sin embargo, más que a mí misma, ese es un premio a la cultura de quienes hacemos del arte una forma muy honesta de dirigirnos a la gente”.

No solamente honesta, y humilde. Tania Libertad, se pudo comprobar, es entregada a su público, que contenía la respiración cuando la peruana ascendía por las difíciles alturas de Honrar la vida, de Eladia Blázquez.

Tania nació en el Perú, aunque vive en la capital mexicana desde fines de los setenta. Y tal como dejó su alma en el escenario del Herbst, así se entregó desde muy joven a ser coherente en el arte y en la vida personal, trabajando para la causa de una Latinoamérica unida.

Una Latinoamérica que para ella “es una sola; los ritmos, ya lo van a ver, tienen todos las mismas raíces”. “Cuando llegué a México estuve siete años cantando en escuelas, en hospitales, casas de la cultura, en un trabajo bellísimo que me llevó a conocer México mejor que algunos mexicanos. Hubo un punto en el que tuve que tomar decisiones, porque no estaba en mis planes convertirme en una artista masiva. Yo a los cinco años era bolerista, a los siete tenía cuatrocientos boleros en mi repertorio. Por una cuestión de gusto grabé un disco de boleros, y tuvo tanto éxito que me empezaron a llamar para cosas muy grandes, y en ese momento yo me senté, respiré hondo y me dije que no iba a tomar esa opción [la de interpretar sólo boleros]. Hoy hubiera sido millonaria, pero mi carrera hubiera durado cinco años”.

No cinco, sino cincuenta, está celebrando Tania Libertad en esta gira mundial que la trajo a la Bahía. “Una amiga me dijo: Empezaste a los menos diez”, arroja, y ríen con ganas ella y los periodistas. Se la ve cansada, y admite que tuvo problemas de salud recientemente (tiene sesenta años de edad). Pero en el concierto eso no se nota.

Arriba del escenario habla bajito, dice que quiere cuidar la voz porque “se trata de cantar, no de hablar”. Y cómo canta esta menuda señora latinoamericana. Cómo pasa del vals de su tierra peruana con tres excelentes músicos (dos notables tecladistas-cantantes y un percusionista de primera) a la ranchera de su país adoptivo acompañada del Mariachi Regional de los Altos de Magda Vázquez. Cómo hace correr electricidad por el cuerpo cuando se anima a un clásico -literalmente- como el Ave María de Schubert(“Estoy disponible para bodas, bautizos, y divorcios también”, bromeó). Y cómo enseña a no creérsela cuando dice que ella no tiene técnica vocal como para interpretar arias. “Hay que estudiar treinta años. Yo estudié dos meses, y siempre fui mala alumna”.

No es cierto, señora: lo que su voz hizo sentir a peruanos, mexicanos, chilenos, salvadoreños, argentinos, estadounidenses, en San Francisco raras veces se produce. Reconcilia con la vida. Gracias, Tania Libertad. Que se conserve por muchos años su poderosa, incomparable voz.

?>