Sandy: ¿cómo no mataste a un periodista?

Todo el mundo habla del maldito huracán, pero por qué no agradecen que tuvo compasión de esos que a orillas de las playas reportaban sobre lo peligroso que era estar en ellas

No hay duda de que he mudado la piel en varias ocasiones, lo que me convierte en miembro dorado de AARP, aunque en realidad tenga 15 ó 16 años.

Me reafirmo en mi vejez porque esta fiebre de la realidad cruda por televisión no me divierte. Me asquea, me pone en tensión, me provoca malhumor del insano entre muchos otros feos zzzzentimientos.

Me pasó el lunes mientras veía la televisión desde la pecera en donde resido. No había un solo canal con reporteros cuerdos… o al menos con los jefes de esos reporteros en su sano juicio.

¿Cómo es posible que todos reportaran desde distintos lugares utilizando las siguentes palabras: “Las autoridades ordenaron desalojar este lugar, pero algunos vecinos no hicieron caso”. Y yo pensaba, qué rayos se van a mover, si tú ni siquiera vives ahí y como quiera trabajarás desde el lugar, entonces el sentido común me dice que no es tan peligroso nada como lo están pintando.

Y es que una cadena, digamos, tan poderosa como Fox, valoraría la vida de Robert Moses mucho más como para enviarlo a menterse en plena zona de peligro con una maquinita roja que le decía cuán fuertes eran las ráfagas. “Tuvimos una de 34 millas por hora” decía el muchacho emocionado, mientras trataba quedarse de pie. Cuando intentó hacer un chiste a una rubia que estaba en el estudio, preguntándole si le llevarían un café de Starbucks, la mujer le respondió a secas “No”. Y el pobre Moses luchando con el viento.

Pero no fue el único. Otra reportera se disculpaba en la noche con los televidentes por no poder estar reportando desde el muelle que el viento se estaba llevando. Habría que ser un ser humano extremadamente vil para querer que nos reportara desde los pedacitos de las tablas de madera o mientras el oleaje la arrastraba.

Es ridículo. Hubo otra que en desde una playa cerrada regañaba en vivo a un hombre que “paseaba” por el lugar. Y el buenazo le respondió que ya se iba. Lo que tenía que hacer era decirle, en vivo también, “y usted qué hace aquí si esto es tan peligroso. ¿Sabe que si caen truenos en la antena transmisora del camión en el que usted anda quedará carbonizada?”

Pero una vez más, el entrevistado fue respetuoso.

No entiendo esta fiebre de que cada vez que hay un peligro, tienen que recurrir al show de “Cucando lo malo”.

Y es con huracanes, tormentas y con fuegos. Otras tragedias, no inspiran a las cadenas a “esforzarse tanto”. Por ejemplo, la semana pasada un tiburón mordió a un surfer en California y no vi a ningún reportero reportando desde una tabla de surf en el mismo medio del mar.

Tampoco los vi en trajes de buzo cuando el 4 de julio se hundió un bote en Nueva York y tres niños murieron ahogados.

Cuando se acercan huracanes, los televidentes queremos información, pero de forma inteligente. Los periodistas, que tienen acceso a lugares que otros no tenemos, tienen que servirnos de ejemplo, mostrarse siempre al lado de la autoridades y diciendo en todo momento que si la situación empeora saldrán de allí. El lunes, la gente andaba histérica “tuiteándole” a los reporteros que se cuidaran. Encima del miedo a lo incierto, a través de las noticias les provocaban la angustia de ver a ese ser humano estremecido por las aguas y el viento.

Tanto realismo no hace falta.

¿Qué buscaban las grandes cadenas, que Sandy se llevara volando a uno de sus periodistas para que los demás creyéramos los que nos decían? Insisto, no hace falta. Hay formas de informar, alertar y advertir que no ponen en riesgo a nadie.

Si necesitan saber cómo, escríbanme. Pero hasta que ustedes no se protejan y den el ejemplo de cordura, no esperen que el pueblo coopere con las autoridades. A fin de cuentas, están siguiendo su ejemplo.