tratan de adaptarse en México
Romaine Metelus, es uno de los haitianos refugiados en México tras el terremoto que azoto a su país el 112 de enero del 2010 Crédito: authors
MÉXICO, D.F. Romain Metelus llega presuroso a la Iglesia Francesa de esta capital mexicana para escuchar la misa del tercer aniversario del terremoto en su país que costó la vida a más de 300,000 personas y dejó sin hogar a más de 350,000, entre ellos toda su familia, padres, hermanos y parientes que hoy esperan la ayuda que de vez en cuando él puede enviar.
Pero no es fácil: este emigrante refugiado en este país que abrió sus puertas a 260 haitianos en 210 y a 141 en 2011 pasa las de Caín.
El celular que lleva en su mano es uno de los pocos lujos que hoy se puede dar con el irregular trabajo como profesor privado de francés con el cual gana como máximo el equivalente a 120 dólares por semana.
Aún así, Etienne considera que “corre con suerte”: algunos de sus amigos no han conseguido trabajo mientras a otros el Instituto Nacional de Migración rechazó su estancia después de someterlos a un laberinto burocrático -muchas veces sin traductor- y al final los interesados no supieron por qué fueron repatriados.
“Fue muy violento para ellos regresar”, cuenta sobre las condiciones que poco han variado en su país desde aquel sismo de 7.2 grados Richter que aún lo mantiene en crisis humanitaria, desabasto de alimentos, una epidemia de cólera, problemas sanitarios, prostitución, tráfico de personas y 350,000 habitantes que aún permanecen en 496 campos de refugiados.
Bajo esas circunstancias, el embajador de Haití en México, Guy G. Lamothe observa que aún con las dificultades en México el refugio de sus compatriotas aquí ha sido “un colchón mientras pasa el in passe”, aunque reconoció a este diario, que ha sido “muy difícil”.
“El idioma ha sido uno de sus principales problemas”, dijo minutos antes de encabezar una sobria ceremonia religiosa luctuosa como representante de los 1,800 haitianos que actualmente viven en el país, una cifra que casi se triplico en una década: en el 2,000 había sólo 700.
Wilner Meteleus, presidente del Comité Ciudadano de Defensa de los Naturalizados y Afromexicanos, uno de los asistentes, agregó que la causa de los padecimientos de sus paisanos en estas tierras se resume en falta de atención oficial.
“México dio asilo después del terremoto para demostrar que es un país hermano, pero después no hubo apoyo económico ni un programa para integrarlos al mercado laboral”.
Desesperados por la falta de empleo, algunos de los haitianos huyeron a Estados Unidos para acogerse a una amnistía que daba refugio a las víctimas del terremoto que llegaron a ese país, pero después de 2011 ya no recibió más.
Quienes permanecieron en México con edad promedio de 30 años- han sobrevivido por solidaridad de sus compañeros con quienes viven hacinados en grupos de hasta 15 personas, por estar becados o porque pueden impartir clases particulares de francés.
Jaquelande Bedard es una de esos supervivientes. “Puedo decir que nada me falta”, dijo con una sonrisa, aunque con poco dinero en los bolsillos.
