Una reforma migratoria efectiva

El presidente Barack Obama presentará hoy en Nevada su propuesta de reforma migratoria. Para que este renovado esfuerzo sea exitoso Obama debe mantenerse firme en dos frentes: la defensa de una posibilidad real a la legalización y la ciudadanía para indocumentados elegibles, y su capacidad de negociación con el Congreso.

El ambiente legislativo para el avance de esta propuesta es el más favorable que hemos tenidos en años pero claramente esto está muy lejos de ser pan comido.

El plan bipartidista de reforma que presentaron ayer un grupo de senadores federales, entre ellos Chuck Schumer de Nueva York y Bob Menendez de Nueva Jersey, muestra lo complejo de esta legislación. La propuesta reúne condiciones para mantener contentos a los dos bandos principales en este debate: los que abogan por legalización y absorción de indocumentados, versus los que se enfocan en mecanismos para reducir la inmigración. El reto de los legisladores es hallar un balance entre estos dos enfoques para que la iniciativa pueda ser aprobada en el Congreso.

La propuesta de los senadores incluye como condición que los requerimientos de mayor seguridad y prevención de inmigración ilegal estén en pie antes de iniciar la legalización de la gran mayoría de los indocumentados. Detalles sobre tiempos y goles de implementación, así como mecanismos para actuar en caso de que esos tiempos no se cumplan, no han sido definidos.

Tal condición levanta preocupación y sospecha, en vista de la actitud de permanente insatisfacción que los legisladores republicanos han exhibido durante años cuando tiene que ver con la reducción de la inmigración. La Administración Obama ha gastado cantidades sin precedentes de dinero en reducir el paso ilegal por la frontera del sur y en cuestionables programas de deportación que han dejado cifras récord de deportados y demasiadas familias destrozadas. Pocos republicanos reconocen este historial.

El Congreso –por su parte mucho más adverso a la legalización de indocumentados– también confecciona su versión de reforma que se espera sea difícil de reconciliar con el plan del Senado. Eso sin contar que ya grupos anti-inmigrantes han prometido desplegar sus filas para combatir los esfuerzos de reforma.

El liderazgo de Obama es absolutamente necesario. Inmigración es su primera gran prueba de este segundo término. Su capacidad de negociar esta ley sentará el tono, indicará el poder de su nueva administración y su compromiso con la comunidad hispana e inmigrante.