Chávez siempre mostró su costura

Aquella tarde del 2 de febrero del 1999 me acerqué al micrófono que tenía frente a mí e inhalé llenando mis pulmones y exhalé para declarar: “esto me huele a dictadura”.

Solo habían transcurrido unas horas de Hugo Chávez haber juramentado a su cargo como el nuevo presidente de Venezuela. Lo recuerdo como si hubiese sido tan recién como la noticia que ayer recibimos de la muerte de unos de los más complejos líderes que hemos visto en los últimos 14 años.

Procedí aquella tarde a explicar en el programa en WADO por qué el discurso del nuevo mandatario de Venezuela me preocupaba.

Hubo llamadas al programa. En poco tiempo vimos como Chávez fue cambiando su país para que reflejara su visión de lo que era justo. Su primer acto como presidente de la fue quitarle a los medios televisivos unos 64 millones que anualmente recibían del gobierno de turno. Ese dinero iría a la educación de niños, dijo Chávez al detener los anuncios gubernamentales.

Pasaron los meses y fue el 2 de enero del 2001 que conocí a Chávez. El presidente venezolano asistió a la toma de posesión de la gobernadora Sila María Calderón. Allí en una de las salas del hotel Caribe Hilton en San Juan el carismático exmilitar habló más de béisbol que de política. Lo vi años más tarde en Manhattan, esta vez tenía un programa mañanero en Noticias 1380 y fui uno de un puñado que asistimos a lo que se denominó Cafecito con Chávez.

Nada de pintar al fenecido venezolano como un ángel o diablo. Eso se lo dejo a los venezolanos que llorarán o celebrarán la muerte de un hijo de la república Bolivariana.

Bajofuego@eldiariony.com

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