Reforma migratoria entre escándalos

Entre tantos escándalos, lo único que asoma con posibilidad de apoyo bipartidista y avance en el Congreso es la controversial reforma migratoria. Quiero reiterar que una de mis promesas de fin de año fue tratar de ser menos cínica en cuanto a la reforma y el Congreso se trate, y por el momento, tanto la reforma como mi moderado cinismo van bien encaminados.

No hay duda que la reforma tiene opositores, y cuando llegue a la Cámara Baja será una lucha campal lograr que sobreviva. Pero tampoco hay que dudar que supone una oportunidad legislativa para un cambio de política pública que beneficiará al país y a los inmigrantes y sus familias, con el bono extra de producir réditos políticos a demócratas y republicanos.

Esta semana el Comité Judicial del Senado reanudó el debate de enmiendas al proyecto bipartidista S. 744 y se discutirá el Título 2, el más controversial sobre visas para inmigrantes que contiene el corazón del proyecto: la vía a la ciudadanía para 11 millones de indocumentados.

Esa vía de 13 años enfrentará enmiendas que tratarán de alterarla como mínimo y de torpedearla como máximo, como la del senador republicano de Texas, Ted Cruz, que impide que los inmigrantes que se legalicen, aspiren a la ciudadanía. Eso pide Cruz, nacido en Canadá, de madre estadounidense y padre cubano.

Y es posible que esta semana se ponga a prueba la cohesión del bipartidista Grupo de los Ocho en mantener ese acuerdo lo más intacto posible. Hay elementos de la vía a la ciudadanía y de las visas para inmigrantes, incluyendo la eliminación de ciertas categorías de familiares, y otros asuntos, que prometen interesantes momentos.

Pero todo apunta a que el S. 744 se encamina a un debate en el pleno del Senado de mayoría demócrata en junio, y ya hay inquietud por lo que pueda ocurrir, o no, en la Cámara Baja de mayoría republicana.

El jueves algunos integrantes del otro Grupo de los Ocho de la Cámara Baja, anunciaron un acuerdo preliminar de un proyecto bipartidista de reforma migratoria, y cuando menos uno de los cuatro demócratas, Xavier Becerra, de California y presidente de la bancada demócrata de ese organismo, no afirma que hay un acuerdo hasta no ver el lenguaje legislativo final de algunos componentes.

Se anticipa que el plan se presente en junio y contenga una vía a la ciudadanía de 15 años, más larga que la de 13 en la versión senatorial y con requisitos más rigurosos, según reportes de prensa.

Si la lucha en el Senado de mayoría demócrata ha sido cuestarriba, el proceso en la Cámara Baja de mayoría republicana pondrá a todos a prueba, sobre todo a los liderazgos.

El G8 del Senado espera que si su proyecto se aprueba con 70 votos o más se envíe un mensaje contundente a los republicanos de la Cámara Baja a seguir el modelo senatorial.

Pero hay varios factores, entre esos, que la Cámara está gestando su propio proyecto bipartidista aparentemente con lenguaje más severo, y que el presidente del principal comité de jurisdicción, el Judicial, Bob Goodlatte, republicano de Virginia, quiere considerar la reforma migratoria por partes.

Imprudente sería que el deseo de negarle una agenda legislativa a Obama supere la necesidad de los republicanos de recuperar su viabilidad como alternativa nacional apelando al voto latino desechando la oportunidad que les brinda la reforma de lograrlo.