Boricuas cultivan amistades en jardines
Luis Ruiz en el jardín comunitario La Casita en Loisaida. Crédito: Fotos: José Acosta
NUEVA YORK A lo largo de los años los jardines comunitarios se han convertido en puntos de encuentro de los puertorriqueños en los barrios neoyorquinos, donde además de cultivar plantas son usados para cultivar amistades.
Uno de los más famosos es el Rincón Criollo, de la calle 157 y la avenida Brook, en El Bronx, fundado por José “Chema” Soto en 1975, donde aparte de los vecinos del barrio se han dado cita artistas famosos, como el reggaetonero Tego Calderón, y los salseros Juan Manuel Lebrón e Ismael Rivera hijo.
“Yo cree este jardín por nostalgia por mi patria. En Puerto Rico, mi abuela tenía una casita igual a la que construí aquí, y a ella le gustaba cultivar verduras y plantar árboles”, dijo Chema, de 68 años.
El patio del Rincón Criollo, el cual está bajo la jurisdicción del Jardín Botánico y otras agencias, está dividido en 18 miniparcelas, atendidas por igual número de miembros del jardín, los cuales pagan una cuota mensual de $10 y se encargan de darles mantenimiento a sus cultivos, entre ellos lechuga, tomate, ají, pimiento, repollo, etc.
Al jardín Chema le llama “un cantito (pedacito) de Puerto Rico”, y es porque desde que se entra en él la ciudad de Nueva York desaparece y se tiene la idea de estar en un campito de la Isla del Encanto, donde se escucha el cacarear de las gallinas.
El jardín es tan popular, que los vecinos celebran el Día de las Madres y de los Padres, festejan cumpleaños y bautizos, y si alguien quiere asar un lechón, no hay problema, en el jardín hay un horno preparado para la ocasión.
“La ventaja de un jardín comunitario es que es un pulmón de aire limpio, algo ventajoso en un área afectada por asma como ésta, y es un lugar donde la gente se reúne, hace amistades, cocina y juega al dominó en un ambiente sano”, dijo Chema.
Pero mantener el jardín no fue fácil. En 2006, la ciudad le quitó los terrenos a Chema y levantó un edificio de vivienda, pero gracias a la unión de la comunidad el Departamento de Parques le cedió un terreno frente al antiguo jardín y varias agencias le donaron $15,000 para levantar una nueva casita.
“Los árboles que teníamos sembrados los trasplantamos aquí, como matas de higo, manzana, pera, melocotón”, dijo el jardinero.
Otro jardín comunitario famoso es La Casita o La Yardida, en la comunidad puertorriqueña de Loisaida, y se remonta a unos 25 años atrás, cuando Luis Ruiz y varios amigos rescataron un solar baldío, que estaba convertido en vertedero.
“Nosotros solicitamos el permiso para al Departamento de Parque, y nos lo negaron, pero nos dijeron que mantuviéramos el terreno limpio y el día en que ellos lo necesitaran nos avisarían, y de eso ya han pasado 25 años”, dijo Ruiz.
En La Casita los vecinos, casi todos puertorriqueños, se reúnen durante el verano a jugar al dominó, a conversar bajo los árboles, a cocinar y hasta preparar lechón asado a la vara.
“Este jardín es de todos los vecinos, y cuando hacemos un evento es con la colaboración de todos los que pueden donar algo”, dijo Ruiz.
También lo usan para fiestas de cumpleaños y reuniones comunitarias.
“No se necesita membrecía para disfrutar del jardín”, dijo Ruiz, quien emigró de Ponce a Nueva York hace 40 años.
Vecinos como Pola Cabrera y su esposo Nelson López dicen que el jardín es “nuestra segunda casa”.
“En lugar de estar encerrada en mi apartamento, vengo aquí y me la paso con los amigos del barrio”, dijo Cabrera, quien es una de las cocineras del grupo. “Nosotros hacemos una colecta y cocinamos alcapurria, arroz con gandules, lechón…”, agregó.

