Deportables a la espera

Personas como Héctor Díaz tienen en la reforma migratoria su última oportunidad de un futuro
Deportables a la espera
Héctor Daniel Díaz, quien enfrenta la deportación, confía en que la reforma migratoria lo cobije.
Foto: La Opinión - J. Emilio

Héctor Daniel Díaz tiene 24 años, es líder en su iglesia y autodidacta en computación.

“Le pedí una computadora a mis padres y la arruiné varias veces, hasta que aprendí”, ríe el muchacho, hondureño de nacimiento, y quien vive en este país desde los 17 años.

Aunque el joven no sea técnicamente un dreamer, por llegar después de los 16 años y no tener secundaria, esto no quiere decir que no tenga sueños.

Para Héctor, como para muchos otros, cualquier aspiración de un futuro depende en gran medida de la reforma migratoria que está considerando el Congreso.

“Tengo muchos planes y metas que cumplir”, dijo Héctor Daniel hace unos días durante un descanso de su trabajo. “Uno de mis sueños es llegar a ser empresario y además sacar adelante a los míos. Tengo que pensar en mis sobrinos, sacar adelante a mi mamá y mi papá y formarme un futuro para algún día tener mi propia familia”, dijo.

Sin embargo, no está claro si Hector podrá cumplir esos sueños.

Un domingo, cuando iba a la iglesia en Wilmington, cerca de su casa, se le ocurrió rebasar un carro. El otro vehículo lo manejaba un policía encubierto.

“Fue mi error. Pero salió que tenía una orden de deportación en ausencia, desde cuando me arrestaron en la frontera, cruzando. Una cita a la que no fuimos por miedo se convirtió en deportación y no lo sabíamos”, dijo.

El muchacho vino originalmente acompañando a una hermana mayor con severos problemas de salud, entre ellos fuertes convulsiones que no estaban siendo bien tratadas en su país de origen.

Sus padres viven aquí desde finales de los noventa y tienen TPS (Estatus de Protección Temporal) como hondureños.

Ahora, todo el futuro de la familia depende de la reforma migratoria, como muchos otros que están indocumentados, que son residentes temporales con un programa como TPS, personas previamente deportadas o aquellas con orden de deportación pendiente.

Personas como Héctor están en la lista de los deportables prioritarios del gobierno de Barack Obama, quien ha dicho que lo más importante es deportar a “delincuentes”, pero cuyas cifras récord de expulsión del país incluyen una nutrida cantidad de personas que entraron hace muchos años, sin delito alguno en este país y que tienen una orden de deportación pendiente por no haberse presentado a una cita. Les llaman los “fugitivos” (absconders).

La abogada de Héctor, Vera Weiss, confía en que la corte, que ya suspendió temporalmente su deportación ante una solicitud de reabrir su caso por razones humanitarias, considere que el muchacho es quien sostiene a su familia y que es una persona con méritos y un récord limpio.

“Tenemos esperanza”, dijo. “Y si no es así , tendremos que ver si el Congreso hace algo”.

Y es que mientras algunos senadores alegan que no se hace nada para proteger las fronteras, personas como Héctor dependen de este cuerpo legislativo para tener un futuro posible en Estados Unidos.