‘La lucha no termina, todavía continúa’

Mexicana anima a no conformarse sino hasta que muchos más logren su sueño
‘La lucha no termina, todavía continúa’
Los 'soñadores' se han convertido en activos luchadores por el plan migratorio.
Foto: archivo

Washington — Silvia Salguero, la indocumentada mexicana que inspiró la ley para legalizar estudiantes en Utah hace más de 12 años, no pudo contener la emoción cuando el pleno del Senado allanó el camino para el voto final de la reforma migratoria.

Vestida con toga y birrete para representar los sueños académicos truncados de cientos de miles de jóvenes indocumentados, Silvia fue testigo en primera fila en las galerías de la cámara alta del mayor avance hacia una reforma migratoria desde 1986.

“Me siento muy feliz, satisfecha, pero la lucha no termina ahí, todavía continúa, pero no nos vamos a conformar con esto (…) no me voy a conformar hasta que muchos más logren su sueño”, dijo Salguero.

Originaria de la ciudad de México, Silvia llegó a Estados Unidos desde los 13 años. En el año 2000, cuando terminó la preparatoria, Silvia fue aceptada en la Universidad de Utah, pero cuando la institución supo que era indocumentada, canceló su ingreso.

“No se me hizo justo y por mí y por otros estudiantes en mi posición, me animé a hacer algo”, recuerda la joven hija de madre mexicana y padre salvadoreño.

Con el apoyo de su maestra de español, Silvia contactó al senador republicano de Utah, Orrin Hatch, a pesar de enfrentar el riesgo de ser deportada debido a su visibilidad pública.

En 2001, Hatch y otros senadores patrocinaron la llamada Ley Dream, que busca legalizar a más de 1.8 millones de estudiantes indocumentados, la mayoría mexicanos.

Aunque el proyecto de ley fracasó en el Congreso, fue la inspiración para que un año después la legislatura de Utah aprobara una versión estatal que autorizó a indocumentados estudiar en la universidad con colegiaturas subsidiadas como residentes legales.

Ahora es madre de tres hijos. En pocos meses cumplirá 30 años y nunca pudo completar su aspiración de completar la universidad, por falta de recursos económicos.

“En este momento trabajo, quiero continuar mis estudios porque dado que la escuela es muy cara es difícil poder pagarla así de repente, para mí ha sido muy difícil”, confiesa.

Actualmente no tiene preocupaciones migratorias porque calificó para el programa de Acción Diferida, el plan de la administración de Barack Obama que permitió a cientos de miles de jóvenes legalizar su situación de manera provisional en tanto se aprueba una reforma migratoria.

Los jóvenes beneficiarios pueden trabajar por un periodo de dos años, pero se mantienen en un limbo, sin poder salir del país u obtener la ciudadanía. Además sólo aplica a jóvenes menores de 30 años.

Silvia, quien considera injusto poner un tope de edad a los beneficiarios, formó parte de una veintena de jóvenes que asistieron al Senado como miembros de la organización United We Dream, que busca una solución definitiva que incluya la ruta a la ciudadanía.