Migrantes en el hoyo
California
Cada año 400 mil personas son detenidas en centros de detención de inmigración en este país: ancianos, mujeres embarazadas, algunos que buscan asilo político, e incluso residentes legales y documentados. De esos, casi la mitad no tiene antecedentes criminales. La razón dada para detenerlos es para asegurar que los inmigrantes asistan a sus audiencias de inmigración y cumplan con las órdenes emitidas por los jueces de inmigración.
Pero su calvario jurídico no termina allí. Una vez que se encuentran en centros de detención, muchos terminan encerrados en una celda de aislamiento, conocida comúnmente como el hoyo, sin siquiera la posibilidad de apelar esa decisión espantosa.
Unos 300 inmigrantes al día se encuentran encerrados en las celdas de aislamiento de los 50 centros de detención más grandes del país. Durante el aislamiento, son detenidos con poca o casi ninguna interacción humana y generalmente son confinados a una celda pequeña de 6 por 13 pies (1.8 por 3.6 metros) por 23 horas al día. El recreo, llamadas telefónicas, visitas, y otras actividades que usualmente están disponibles en estos centros se ven severamente limitadas. En casos extremos, permanecen en celdas de cemento en total oscuridad o con la luz prendida a toda hora.
De esos 300 inmigrantes, casi la mitad permanece en aislamiento prolongado, definido como aislamiento por 15 días o más, a pesar de que expertos en el tema han determinado que este aislamiento puede resultar en graves daños psicológicos. En algunos casos los inmigrantes detenidos abandonan su caso de inmigración para evitar pasar tan solo un día más en el hoyo, sin duda debido al espeluznante impacto psicológico de este trato.
El aislamiento prolongado no tiene lugar en un sistema de detención que respeta los derechos humanos, ya que llega a ser tortura. La práctica perjudica la salud de los detenidos, es monitorizada inadecuadamente, y a menudo se aplica de manera arbitraria. Es además una violación de la promesa de un debido proceso legal que nuestra Constitución garantiza a todos, sin importar el estatus migratorio.
Dos ejemplos recientes sacan en alto relieve esta práctica. La ACLU de Georgia detalla un caso de un hombre detenido en el Atlanta Pretrial Detention Center que fue encerrado en el hoyo por traducirle a inglés a un compañero. Tan solo hace dos semanas, nueve jóvenes indocumentados que quisieron ingresar a los EEUU desde México para protestar la política migratoria del gobierno actual y la deportación de 1.7 millón de personas, fueron tomados bajo custodia por el Departamento de Inmigración y Aduanas (ICE). Dos activistas, Maria Peniche y Lulú Martínez, fueron sentenciadas a pasar 15 días en el hoyo. Afortunadamente, salieron después de 10 días en celdas de aislamiento.
¿Por qué fueron víctimas de esta práctica tortuosa? Según los medios, seis de los jóvenes empezaron una huelga de hambre por las limitaciones que tuvieron al intentar hacer llamadas telefónicas a sus familias. Maria y Lulu fueron acusadas de “provocar una protesta”.
Esta práctica de confinamiento solitario es innecesaria, usada en exceso, y costosa en cuanto al precio que pagamos con la salud física y mental de los detenidos, aparte del costo monetario. Es innecesariamente cruel y, especialmente en casos de aislamiento prolongado, viola los derechos humanos y constitucionales de los inmigrantes. Debemos honrar los derechos civiles que nos protegen a todos y ponerle fin al sobreuso de esta práctica deplorable.