Una historia del dedazo en México

Una historia del dedazo en México
El mexicano Raúl Salinas, hermano del ex presidente del país, Carlos Salinas de Gortari, sigue ganando juicios.
Foto: EFE

Burbujas

¡Pobre México! Durante los primeros 70 años de gobiernos del PRI, actualmente iniciando su segunda oportunidad, los presidentes, en la cenit del poder, “designaban” a su sucesor. Las elecciones, hábilmente manipuladas, eran solo para darle algo de legalidad a eso.

Y ser nombrado dios, casi omnipotente, durante seis años forzaba al agradecimiento y a proteger al antecesor de sus pecadillos, de los de los suyos y los de sus allegados, y no cuestionar su enriquecimiento indebido y de todo lo demás, largo e inútil enumerar.

Ese “dedazo”, como le llamábamos, era la compra de tranquilidad y el borrón a toda responsabilidad. Al no perseguir a sus predecesores, los designados se volvían sus cómplices con esa deshonesta tapadera.

Así se podría explicar el por qué nombró Díaz Ordaz a Echeverría. Sabía que nunca lo haría responsable de los crímenes del 68, ni del destino de los desaparecidos, no solo por el dedazo sino por haber sido Echeverría el brazo ejecutor.

Echeverría paró al país de cabeza, era rápido en sus poco pensadas decisiones, el estado de las finanzas del país eran lo que él afirmaba que eran. En sus eternas juntas en Los Pinos se tomaban decisiones, tan solo para que él las ignorara.

A la sombra de ese sol y en ese desorden, se hicieron millonarios muchos y rápidamente.

Su dedazo fue para José López Portillo. Ambos habían estudiado juntos y fueron amigos, pero el dedazo obliga más que la amistad, y sabía que ciertas cosas, como lo de los halcones, no saldrían a la luz… hasta muchos años después.

El mandato de López Portillo fue desde su “hay que aprender a manejar la riqueza” hasta la nacionalización de la banca, la devaluación del peso y el control de cambios. Para tapar parte de su vida personal y desaciertos de los últimos dos años de su mandato, el dedazo fue para un hombre conservador gris, Miguel de la Madrid en cuya campaña apareció Carlos Salinas de Gortari.

Miguel de la Madrid, pese a que la nacionalización de la banca había destrozado su proyecto económico, nunca criticó a quien lo hizo dios, un dios muy gris, pero dios al fin. Demostró su poca validez cuando un terremoto destruyó parte de la ciudad de México y él no apareció en tres días. Hubo ventas de empresas del estado en fracciones de su valor en cuyo beneficio “se dice” participó.

Su dedazo fue para el inteligente, ambicioso e inescrupuloso Carlos Salinas que hizo todo para cimentar su poder, mucho de ello de dudosa legalidad, dio concesiones multimillonarias y permitió negocios a su familia con su posible participación. Se dice que es socio de quienes favoreció con concesiones.

Hubo un levantamiento indígena en Chiapas y tantas cosas a las que había que echar tierra, que su dedazo fue para Luis Donaldo Colossio un fiel miembro de esa mafia política.

Colossio en su campaña dejó entrever que responsabilizaría a los deshonestos y que acabaría con los negocios hechos a la sombra del poder.

Y que coincidencia, fue asesinado.

Como consecuencia tuvo el PRI que nombrar a Ernesto Zedillo, candidato por ser el único que cumplía los requisitos de ley, pero la magia protectora del dedazo había desaparecido.

Tras tomar posesión Zedillo, curiosamente Salinas huyó, bueno no, se alejó de México, pero historias de negocios multimillonarios, veraces o no, de él y de sus hermanos seguían saliendo a la luz.

Zedillo, que no tenía compromisos de proteger a Salinas, tampoco lo atacó pero acabó con el PRI al declarar vencedor en las elecciones para sucederle a Vicente Fox del PAN cuando no había terminado el conteo.

Fox llegó al poder con un aplastante apoyo popular, que fue un voto anti PRI y anti Salinas. Se esperaba que hiciera limpieza de toda esa inmundicia, pero —por miedo o por mediocre— no supo aprovechar su fuerza política para enjuiciar a quienes habían convertido la política en un criadero de millonarios.

Y Fox, con los familiares de su Martita, cayó en los mismos vicios. El poder sirve para acumular riquezas.

En una elección dudosa llega Felipe Calderón, un hombre que juzgo honesto, se apoya en las fuerzas armadas y las lanza a una guerra que aumenta la violencia en el país.

Y vuelve el PRI, y con él los Salinas.

Cuando el juez de Procesos Federales del Distrito Federal liberó de la cárcel a Raúl Salinas por “falta de comprobación”, quedaban aun en Suiza 48 casos bajo investigación del origen de140 millones de dólares de Raúl Salinas. Un dinero que parece provenir del lavado de dinero o de otras actividades igualmente deshonestas. Esta fue una demostración de fuerza de los Salinas, a la que, al parecer, teme hasta el Procurador General del país del gobierno actual del PRI, al ni siquiera protestar tamaño absurdo.

Pero hay cambios: Por lo que estamos viendo, los crecientes sistemas de comunicación popular; el Internet, que expone, sin censura posible, a esos ladrones y los saca a la luz del día, por más que intentan proyectar imagen de honestos.

Esos ladrones tienen una religión común: el dinero. Son sus devotos . Y como la alta sociedad, cree en lo mismo, los recibe con los brazos abiertos y sin pena alguna.

Pero México no es la excepción, también aquí llueve, como les platicaré más adelante.