Marco Rubio habla cada vez menos de inmigración

En 'campaña' para recomponer su imagen, el senador republicano enfrenta las consecuencias de haberse metido 'de lleno' al debate migratorio y a los votantes que arguyen ese punto para retirarle su apoyo.
Marco Rubio habla cada vez menos de inmigración
Marco Rubio visita distintos puntos de Florida.
Foto: AP

PANAMA CITY, Florida, EE.UU.- En un reciente recorrido por las zonas más conservadoras de su estado el senador Marco Rubio enumeró durante un banquete en el St. Andrews Bay Yacht Club los temas que más amenazan el sueño americano: impuestos altos, demasiadas regulaciones y, sobre todo, el plan de coberturas médicas del presidente Barack Obama.

De lo único que quería hablar Doc Washburn, sin embargo, era de la inmigración ilegal.

El conductor de un programa radial le preguntó al senador republicano por qué había colaborado con los demócratas en un proyecto de ley que allana el camino para que unos 11 millones de extranjeros que están en el país sin papeles puedan obtener la ciudadanía.

“Tú sabes, siempre te apreciamos mucho”, le dijo Washburn, “pero promueves esto y eso es un gran problema para nosotros”.

La charla, y la reticencia de Rubio a hablar del tema luego de pasarse meses promoviendo una reforma integral a las leyes de inmigración, revelan por qué este posible candidato a la presidencia se embarcó en una especie de gira para recomponer su imagen, defendiendo causas conservadoras en los principales bastiones republicanos de la Florida.

Otrora bien visto por el tea party, el nombre de Rubio genera ahora abucheos en ciertos lugares. Y desde que comenzó a trabajar en la reforma a las leyes de inmigración, sus índices de aprobación decayeron en varias encuestas.

Rubio admite que perdió popularidad. “Desde un punto de vista político, esto no ha sido una experiencia agradable, por así decirlo”, comentó. Pero sus colaboradores aseguran que el énfasis que está poniendo en la cobertura médica obedece a razones prácticas, no políticas, y que simplemente está dejando que la Cámara de Representantes lidie con el tema de la inmigración ilegal ahora que el Senado ya aprobó su proyecto.

En su recorrido de tres días por seis ciudades del norte de la Florida Rubio insistió en su negativa a costear la nueva ley de salud y casi no habló de la inmigración, el tema con que más se lo identifica. En un discurso de 35 minutos en el Rotary Club de Jacksonville le dedicó apenas un minuto a la reforma que impulsó en el Senado. En privado, habló del tema en una serie de encuentros con activistas conservadores molestos con su posición en ese asunto. También participó en una serie de mesas redondas con líderes empresariales, esforzándose siempre por enfocar la atención en la campaña para quitarle fondos a la ley de salud de Obama.

Como le dijo a Washburn y al público que lo escuchó en el yacht club, “si no nos ponemos duros en relación con Obamacare (como denominan algunos al plan de salud de Obama), ¿en qué nos vamos a poner duros?

La gira de Rubio se produjo en momentos en que otros dos senadores –y posibles rivales en la puja por la presidencia— parecen estar ganando terreno entre los conservadores. Ted Cruz y Rand Paul también quieren evitar que el plan de salud de Obama tenga los fondos necesarios y publicitan sus esfuerzos en ese sentido entre activistas de estados que van a ser importantes en la selección del candidato republicano a la presidencia en el 2016.

Analistas políticos y económicos coinciden en que es poco probable que se consiga anular la ley de salud de Obama por falta de fondos. Después de todo, importantes líderes legislativos republicanos descartan esa estrategia por temor a que se repita lo sucedido en 1995, cuando los republicanos forzaron una paralización del gobierno por discrepancias en torno a recortes a los gastos y resucitaron la carrera política del presidente Bill Clinton. Por otro lado, la mayor parte de los fondos para costear el programa están garantizados y son de entrega obligatoria, de modo que es poco lo que puede hacer el Congreso.

A tres años de su aprobación, sin embargo, la ley sigue siendo un tema explosivo y las encuestas indican que la mayor parte de los estadounidenses, y casi todos los republicanos, se oponen a ella.

Ello explica por qué Rubio se granjeó fuertes aplausos cuando se comprometió a rechazar todo presupuesto con fondos para el plan de salud durante su recorrido por el noroeste de la Florida, una zona de granjas y balnearios donde abundan los carteles contra el aborto y contra Obama.

La oposición republicana al plan de salud fue visceral.

“Nadie sabe lo que trae aparejado (la ley)”, sostuvo Gerry Maloney, un general retirado de la fuerza aérea en Jacksonville. “Es horrible”.

Algunas personas que estaban molestas con Rubio por su apoyo a la reforma a las leyes de inmigración dijeron que se sentían reconfortadas por su campaña contra el plan de salud.

“Tal vez recupere nuestro voto“, afirmó Glen Leirer, vendedor de computadores jubilado de Panamá City, “porque eso es probablemente lo peor de todo”.

Rubio ha convertido el tema en una especie de examen para determinar la pureza de las convicciones conservadoras de una persona. “No vengan y digan ‘estoy contra Obamacare’ si están dispuestos a aprobar un presupuesto con fondos para ese programa”, le dijo a sus colegas republicanos en el Senado antes del receso de agosto. “Si ponen el dinero, entonces es su responsabilidad”.

Rubio dice que su renovada campaña en contra de la ley de salud obedece en parte a la decisión del gobierno de demorar algunos aspectos clave, incluido el requisito de que las empresas grandes ofrezcan un seguro médico a sus empleados a tiempo completo. Esa iniciativa, afirmó, representa una “admisión de que la ley no está lista para entrar en vigor”.

También critica las inquietudes de los sindicatos, que le pidieron al Congreso que cambie un artículo que según ellos le da a las empresas incentivos para reducir las horas de trabajo de sus empleados, evitando así tener que pagar por un seguro médico.

Freddie Wehbe, quien emplea 200 personas en locales de pizza Domino en Gainesville, fue uno de varios comerciantes locales que le dijeron a Rubio que estaban esperando para contratar gente o demorando planes de expansión debido a la incertidumbre sobre el impacto de la ley en sus costos de seguro médico.

En cada parada Rubio percibió un fervor típico de las épocas de elecciones. Pero, con excepción de una breve mención en Jacksonville, solo tocó el tema de la inmigración ilegal si alguien le preguntó por ello.

Durante una entrevista en un programa de radio de Tallahassee, Rubio ensayó una nueva tesis. Dijo que si el Congreso no aprobaba una reforma, Obama podría sentirse “tentado” a actuar por su cuenta y legalizar a los extranjeros que están en el país sin papeles.

“Dentro de un año, podríamos tener esas 11 millones de personas aquí legalmente con una orden ejecutiva del presidente, sin E-Verify, sin más medidas de seguridad en la frontera y sin más agentes en la frontera, sin ninguna de estas reformas que necesitamos desesperadamente“, expresó Rubio, aludiendo a un sistema electrónico que permite a los empleadores verificar el status legal de sus empleados.

El conductor del programa le agradeció a Rubio por su respuesta. Pero dijo que la audiencia no estaba muy convencida con su explicación, a juzgar por los comentarios que estaban llegando vía correo electrónico.