Incertidumbre migratoria

Burbujas

Hay muchos temas importantes que tratar, pero por más que hago, vuelvo al problema migratorio, y cada vez encuentro facetas nuevas o variantes inesperadas de los problemas ya conocidos.

No deja de sorprenderme que los legisladores no entiendan que el problema mayor en este caso lo tiene el país porque hay millones de personas viviendo aquí sin permiso, y de quienes no se sabe casi nada.

Las medidas drásticas que pudieran tomar los Estados Unidos respecto al problema migratorio son difíciles, porque caen en el campo de la geopolítica y no pueden resolverse con la agresiva política partidista que tiene dividido al Congreso federal.

El problema de los indocumentados hay que resolverlo tras definir nuestra posición en la geopolítica regional. Aquí se olvida, o no se sabe, que México es el principal comprador de productos estadounidenses en el mundo, y los Estados Unidos es su principal cliente. Debería existir aquí, un interés especial por cuidar esa relación.

Y México, con las reservas de gas y petróleo recién descubiertas, y con la iniciativa para un ajuste de la ley de energéticos actualmente en el Congreso mexicano, va que vuela a ser una gran potencia petrolera que aliviaría nuestra siempre peligrosa y costosa dependencia del Medio Oriente. Está cerca y es menos conflictivo.

Ahora bien: El 15% de la población, sin contar a los indocumentados, es “latina”, predominantemente originaria de Puerto Rico, Centroamérica y México. En el caso de los mexicanos, muchos vivían aquí cuando todo esto era aún parte de su territorio y sabemos que posteriormente llegaron muchos más.

Si la inmigración indocumentada es problema del país, lo es individualmente para cada uno de los estimados 11 millones que viven aquí y para miles que han sido deportados y que viven en la miseria hacinados a lo largo de la frontera con la esperanza de volver.

Por supuesto que nuestros indocumentados tienen muchos problemas, y entre ellos, el más grave es el vivir aquí sin existir legalmente. Los numerosos problemas adicionales son tan diferentes en cada caso, que los hace imposibles de resolver.

Me da pena, pero temo que, al paso que va la reforma migratoria en el Congreso, no va a salir nunca y, de salir, va a ser tan amorfa y/o complicada que no resolverá el problema del país ni el de los indocumentados.

Insisto, los problemas de los numerosos indocumentados, aunque relacionados, demandan medidas diferentes y no las veo por ningún lado.

La razón es simple: No hay voluntad política para hacerlo.

Algunos legisladores agregan tantos condicionantes que poco o nada tienen que ver con los indocumentados que ya están aquí, sino solo con un futuro incierto, al que temen, de posibles migraciones futuras incontrolables.

Creo que para los congresistas en la Cámara de Representantes, es más importante su partido que el país, y a muchos moderados los tienen aterrorizados los radicales.

El senador por Florida, Marco Rubio, está alarmado y dice que si no se pasa su proposición, Obama quizás resuelva el problema directamente usando su poder ejecutivo. Para un senador que aspira a ser presidente, como parece ser él, está muy mal informado: Obama no tiene poderes para hacerlo. Si los tuviera, ante el tortuguismo del Congreso, ya lo hubiera hecho.

Entre los radicales republicanos hay quienes acusan a los indocumentados, incluso a los jóvenes que fueron traídos aquí de niños, de toda clase de posibles actividades ilegales. Creo que no se dan cuanta que si bien los indocumentados tienen problemas, y desean la regularización, porcentualmente la criminalidad de ese gran grupo es muy inferior a los promedios nacionales.

Unos amigos republicanos me invitaron a una reunión “para que saliera de dudas”. En ella hice preguntas. La síntesis de sus respuestas solo muestran lo difícil que va a ser implementar las medidas para solucionar el problema migratorio.

Según ellos en cuatro cosas no van a transigir: no regularizar a aquellos que no hablen inglés (demanda que he venido advirtiendo, sin éxito, en estas líneas por más de 10 años) , tampoco quieren regularizar a los que no sepan leer y escribir, ni a los que hayan entrado ilegalmente al país en los últimos cinco años, ni a los que tengan antecedentes criminales; hablaron de multas y otras penas que quieren imponer.

Al preguntarles como podría ser el procedimiento para llevar a cabo todo eso, me indicaron que tendrá que ser persona por persona. Les hice ver que hacer entrevistas a 11 millones de personas se llevaría varios años y sería extremadamente costoso. Además: ¿Quiénes van a ser los miles de entrevistadores que se necesitan para hacer ese trabajo?

No obtuve respuesta. Es que no hay.

Pregunté que harían con los que fueran rechazados en las entrevistas: serían deportados y en casos especiales se les daría un permiso de trabajo por dos años tras los que tendrían que abandonar el país.

¿Y quien va a controlar todo eso? –pregunté.

Tampoco me respondieron. Creo les dije que el único camino practico y posible es una amnistía parcial para los que tengan 10 años o más aquí, para los que han formado una familia y tengan hijos estadounidenses, y para todos esos jóvenes que fueron traídos de niños.

No hubo uno que estuviera de acuerdo conmigo…

Por favor, amigo lector, si tiene otras ideas de cómo manejar todo esto, suponiendo que algún día sea aprobada la reforma migratoria, escríbame.

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