Sebastián Merlo, el “Messi” de la liga vietnamita

La vida del argentino Sebastián Gastón Merlo, un modesto jugador de la cuarta división de su país, se transformó cuando en 2009 fichó por el club vietnamita SHB Danang y se convirtió en una gran estrella del campeonato local.
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Sebastián Merlo, el “Messi” de la liga vietnamita
El jugador argentino del club vietnamita SHB Danang, Sebastián Gastón Merlo, posa tras un entrenamiento en el estadio de la ciudad. EFE

Danang (Vietnam), 27 ago (EFE).- La vida del argentino Sebastián Gastón Merlo, un modesto jugador de la cuarta división de su país, se transformó cuando en 2009 fichó por el club vietnamita SHB Danang y se convirtió en una gran estrella del campeonato local.

A punto de concluir su quinta temporada en Danang, una ciudad costera del centro del país, Merlo ha ganado dos Ligas (2009 y 2012) y una Copa (2009), un palmarés que espera aumentar en próximas fechas.

“El próximo 5 de septiembre terminamos la temporada con la final de Copa. A ver si tenemos suerte”, comenta el jugador, quien ha sido máximo goleador de la Liga vietnamita en tres ocasiones (2009, 2010 y 2011).

“La temporada pasada fui segundo goleador pero tuve una lesión grave y no jugué los diez últimos partidos. Este año fui recuperando la confianza y llevo diez goles en la Liga”, afirma el futbolista.

Nacido en la provincia de Córdoba en 1985, este corpulento delantero de 188 centímetros de estatura recaló en Vietnam por mediación de Mauricio Giganti, un amigo argentino que había defendido los colores del SHB Danang durante dos temporadas.

“Me lo pensé mucho porque Vietnam me sonaba a guerra, pero el club estaba muy interesado en mí tras ver unos vídeos y después de un año de dudas terminé viniendo”, relata Merlo.

Uno de los motivos que decantó la balanza fue la oferta económica, equiparable al de algunos clubes de la primera división argentina, a la que se suman las jugosas primas por partido ganado.

Todavía con el susto en el cuerpo tras toparse con la vorágine de motos y vendedores callejeros a su llegada a Vietnam, Merlo triunfó de manera instantánea, apenas unos minutos después de que le presentaron al entrenador y a la plantilla.

“El día que llegué a Danang jugaban un amistoso, me sacaron un rato y metí un gol”, rememora el atacante.

Su primera temporada, en la que el equipo se alzó con la Liga y la Copa y él fue máximo goleador le otorgó un crédito imperecedero entre la bulliciosa afición de Danang.

A la mínima jugada de ataque de su equipo en el estadio Chi Lang, a los aficionados se les escapan gritos de esperanza: “¡Meló! ¡Meló!”.

Es tal la pasión con que le veneran los aficionados, que piensa que algunos no lo cambiarían por ninguna gran estrella mundial.

“Son muy fanáticos. Si les preguntas si prefieren a Merlo a Messi, es posible que muchos elijan a Merlo. Es una estupidez, pero ellos defienden mucho lo suyo”, afirma el jugador.

Aunque no hablaba una palabra de inglés ni vietnamita cuando fichó, ha ido aprendiendo las palabras básicas en ambos idiomas para entenderse con sus compañeros.

Encantado con el trato que recibe y con su vida en Vietnam, una de sus experiencias más gratificantes ha sido jugar la Liga de Campeones de Asia, que le ha llevado a países como Bahrein, Indonesia, Birmania (Myanmar) y las paradisiacas Islas Maldivas.

“Fue una experiencia muy bonita, espero jugarla el próximo año si ganamos la Copa”, comenta esperanzado el delantero.

Uno de sus únicos motivos de queja es la dureza de los entrenamientos bajo el tórrido calor tropical.

“No se dan cuenta de que al ser tan corpulento no puedo correr tanto como ellos, que pesan 60 kilos”, comenta entre bromas el cordobés.

Al principio le sorprendió la falta de riqueza táctica, pero se acostumbró pronto al juego directo “de estilo inglés” en que él es el encargado de convertir en gol los centros de sus compañeros.

También ha tenido que acostumbrarse a aceptar la corrupción, que corroe todos los estamentos de la sociedad vietnamita, incluido el fútbol.

“Algunos árbitros son muy corruptos. Ya me he acostumbrado, pero al principio me daba mucha bronca. Ni siquiera disimulan”, se lamenta.

De carácter tímido, el argentino se refugia de las servidumbres de la fama en su casa junto a la playa al lado de su esposa Carolina y su hija Cala, nacida en Vietnam hace cuatro años.

“Soy muy familiar y no me gusta mucho que me paren por la calle, todos me piden autógrafos y quieren hacerse fotos. En los restaurantes se quedan mirándome”, afirma Merlo.

Pese a estos pequeños inconvenientes, él y su familia se han adaptado a la perfección a la vida tranquila de Danang, donde no descarta terminar su carrera deportiva.