¿Qué futuro buscamos en México?

Todo depende las opciones que se tomen para avanzar

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¿Qué futuro buscamos en México?
El Gobierno y los partidos políticos carecen de la autoridad para imponer las reformas educativa y hacendaria que están estableciendo en México.
Foto: Archivo / EFE

Las elecciones normalmente son para escoger opciones que nos permitan avanzar, esto implica tener una idea relativa del futuro que queremos, lo complicado es alcanzar una visión colectiva, por ejemplo, mientras que algunos pensamos que debemos trabajar para tener una sociedad más equitativa, un sistema más justo, otros piensan que no debe haber restricciones para la apropiación de beneficios, aunque se incremente la asimetría y desigualdad.

Cuando las elecciones son libres y honestas, los perdedores aceptan, o deben aceptar, la visión de las mayorías, porque en principio convencieron mejor, o su propuesta pareció más razonable.

Cuando el sistema está dividido, ninguna opción política recibe un mandato definitivo, lo más sensato es abstenerse de tomar grandes decisiones, a menos claro que se haga un plebiscito para que la gente otorgue ese mandato. En el caso de México esto está lejos de ser un caso hipotético. Nadie tiene un mandato claro, pero la evaluación de los partidos políticos demuestra que carecen de apoyos sociales. Luego entonces, aunque se pongan de acuerdo entre ellos, sus decisiones carecen de soporte social. La política es contraria a las matemáticas en el sentido de que dos negativos no hacen un positivo, y siete partidos calificados negativamente hacen un desastre en la representación.

Cuando las élites son repudiadas, sus decisiones seguramente se encontraran con fuertes resistencias porque carecen de los acuerdos básicos que las validan. La resistencia social es muy diversa, puede ir desde la amenaza de retirar el capital del país, las marchas y plantones y hasta medidas de presión de diversa índole que puede incluir la penetración de los medios de comunicación.

Con la reforma educativa prácticamente se levantó uno de los sectores que parecen más afectados, aunque es interesante que las voces de los supuestamente beneficiados se escuchan de manera marginal, porque los medios de comunicación las excluyen, es un esfuerzo concertado para mostrar que hay una sola opinión. No importa que el beneficio no se vea, lo que impera es la calificacion ligera. Escucho comentarios sobre los “inútiles”, “huevones”, “vándalos”, porque es la visión que construye el gobierno con sus jilgueros, muchos que critican a los maestros que “marchan para no trabajar: cuándo uno les pregunta dicen desconocer la ley educativa. Diálogo de ignorantes.

Con la reforma hacendaria las voces se levantaron justamente por las razones esperadas: le toca el bolsillo a la gente y eso es algo que no se puede tolerar. La protesta es justa pero por las razones equivocadas. El que afecten los ingresos de los que sostienen a la hacienda pública y con ella al mercado, implica que el potencial disruptor de la reforma será amplio. El gobierno reconoció que no se podía imponer el IVA a medicinas y alimentos por la situación compleja de la economía –entiendase que vamos directo a la recesión-, pero porque no pensar que el mismo o peor impacto tendrá el aumento de impuestos en la frontera, así como el establecimiento de impuestos a hipotecas y colegiaturas. Me decía un empresario que estaba furioso: ese impuesto es para negociar y en efecto así parece ser, le dan un golpe a la clase media y luego la soban para darle otros golpes.

Es claro que el Gobierno y los partidos políticos (con los que se reúnen en conciliábulo) carecen de la autoridad para imponer las reformas educativa y hacendaria que están estableciendo. Su cálculo es que al esparcir el costo político de decisiones poco populares y dañinas para la economía y la sociedad no tendrán un efecto negativo para un partido en especial, mientras que pueden tener una ganancia para el partido en el poder, que reclamara la paternidad del posible éxito. La sociedad, por su parte, simplemente seguirá calificando negaticamente a sus representantes formales, establecerá diversas formas de expresión que posiblemente se atiendan con energía y fuerza, y le quedará votar por la opción menos mala, cuestión que será muy difícil de dilucidar.

Hay una propuesta que sugiere que en lugar de impuestos la carga se comparta, que los políticos se bajen el salario 50 % y que una cifra similar se le quite a los partidos políticos. Este es un llamado iluso, porque la solidaridad o el peso de las decisiones no se reparten equitativamente y es que no hay un futuro unico, parece ser que un futuro es el de las élites económicas y políticas y otro muy distinto el de los demás. Mientras que unos paladean las mieles de la abudancia, aún con la economía caída, otros llevan mucho tiempo sufriendo los errores de los gobernantes y la codicia de los que están cerca de donde se toman las decisiones.

¿Seguiremos sufriéndo esta disparidad por mucho tiempo? La respuesta parece depender de los desposeídos.