Llegó el nuevo papámovil

No más vanaglorias ni vehículos que impedían el abrazo de pulpo del Papa con los parroquianos
Llegó el nuevo papámovil
El Papa Francisco celebra el Día de la Familia en el Vaticano.
Foto: AP

Papeles

Salve, feligresía humillada y ofendida. Soy el modesto Renault 4, treintañero, regalo del cura Renzo Zocca al papa Francisco. Con 30 años y 300 mil y pico de kilómetros en mi hoja debida, espero ser ungido como papamóvil. Gracias, Espíritu Santo, por el favor, si finalmente soy adoptado como cachivache oficial.

Me habría gustado acompañar hace poco al che Francisco a la cuna de su tocayo, “el mínimo y dulce Francisco de Asís”, de quien tomó su nombre. El “poverello” (=pobrecito) veía a un pobre y se les arreglaba el semestre. También a Francisco.

El mensaje que Francisco está dando al acogerme es simple: no más vanaglorias ni papamóviles que metían a los papas en una burbuja costosa que impedía el abrazo de pulpo con los parroquianos de a pie.

Después de verlo en acción llegué a la conclusión de que mi papa es el José Mujica de los argentinos. Y Mujica, el papa Francisco de los uruguayos. Extraña forma de empatar que tienen dos eternos rivales futbolísticos que comparten ese río con ínfulas de mar que es La Plata.

No lo he transportado mucho pero puedo decir que Francisco hizo fácil el oficio de papa. Es más, no parece papa sino un argentino bien colocado. Me late que se le salió del libreto al Espíritu Santo que debe estar preguntándose cómo se le filtró un papa sui géneris, insólito, como este argentino, convertido en el Messi de Dios, hincha del san Lorenzo.

Para asegurarse el cielo sin sobresaltos, los fabricantes de estos rascacielos rodantes llamados papamóviles corrían a regalarle uno a su medida al nuevo mandamás del Vaticano. Tenían en cuenta su estatura, color preferido, fobias, signo zodiacal, estatura, tamaño de su soberbia. Pero Francisco, el hombre, no le jala a la ostentación. Nació sin su argentino ego. O sea, si se cae de su ego, no se mata. Algo que no podría decirse de todos sus paisanos.

Aquí donde me ven, proletario modelito 84, me basto para los deslazamientos de Francisco quien también manejo Renault 4, cuando era uno más del directorio telefónico de Buenos Aires. Es tan modesto, tan de lavar y planchar, que gasta más el presidente Obama en fijador del pelo que él en mocasines.

Ya no comprará zapatos rojos en las exclusivas tiendas romanas donde venden accesorios para pontífices y cardenales.

Tiene claro mi papa, con san Agustín, que la primera, la segunda y la tercera virtud se reducen a una: la humildad. San Agustín fue casado, tuvo familia y dejó colgado de la brocha a más de una bella africano. Ojalá mi ilustre pasajero no siga su ejemplo y permita que algún día el eterno femenino taconee en la pasarela vaticana. Ya dio algunas puntadas.

En Renault están felices con el papa, mientras la competencia trina. La compañía francesa no tendrá que invertir un euro más en publicidad en los próximos años. Los gerentes de los medios están furiosos con el papa pues por ese motivo dejarán de entrar importantes ingresos. Por lo menos mientras Francisco no vista el traje de luces de la eternidad. “Y el día esté lejano”, claro.

Ojalá haga rápido las reformas que le encargó al sanedrín de ocho cardenales entre los que no incluyó a ningún colombiano. Debe ser en represalia por el 5-0 de Colombia a Argentina en fútbol. Los papas también tienen su corazoncito.

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