Y ¿cómo dar las gracias?

Y ¿cómo dar las gracias?
Para muchos indios nativos americanos en Estados Unidos el llamado Thanksgiving es un día de luto.
Foto: EFE

SOCIEDAD

El autor de principios del siglo XX, Wallace Wattle, gustaba decir “la práctica de la gratitud nunca dejará de fortalecer la fe y renovar el propósito”. El hecho de que algunos pensaran que el hombre que escribió el libro de autoayuda de 1910, The Science of Getting Rich (La ciencia de enriquecerse) era una especie de charlatán espiritual, no significa que su interpretación del agradecimiento sea menos relevante en la actualidad.

En un momento en que más de 13 millones (según su propia autodescripción) de ateos y agnósticos (casi el 6% de la población estadounidense), más cerca de otros 33 millones dicen no tener una afiliación religiosa en particular (el 14% de la población), la opinión de Watts sobre la gratitud sugiere: ¿Fe en qué?

El bien documentado incremento de los “ninguna” —que reportan no identificarse con ninguna religión en particular— está modificando nuestra vida social en forma que aún no hemos comenzado a cuantificar, y mucho menos a comprender.

Según el Proyecto Religión y Vida Pública, del Pew Research Center, alrededor de la mitad de los estadounidenses expresan que el creciente número de “individuos que no son religiosos” es nocivo para nuestra sociedad. Sin embargo, hay algo en marcha. La gente se está juntando para disfrutar de la fraternidad, la buena música y la afirmación de la vida —todo ello sin tener una deidad en torno a la cual organizarse—.

Hace unas semans varias publicaciones presentaron artículos sobre el crecimiento de las “megaiglesias” ateas. Como ocurre en ciudades de todo el mundo, multitudes de no creyentes se congregaron en Los Ángeles para una “Asamblea de Domingo”, a fin de cumplir el lema “Vivir mejor, ayudar más a menudo, maravillarse más”.

El Día de Acción de Gracias es una celebración en la que reconocemos todo lo que tenemos. Con un número de personas sin precedente, que no está agradeciendo a un espíritu santo en particular, se le ocurre a esta ex católica, que debemos reconsiderar nuestras nociones tradicionales de gratitud.

Tras hablar con otros “ninguna” sobre a quién o qué agradecerían este jueves, el consenso que hallé es que uno puede estar realmente agradecido sin agradecer a un espíritu. Podemos apreciar todo lo que somos y todo lo que tenemos sin atribuir esas bendiciones a una fe en particular.

“Cuando pregunté a mi esposo a quién agradece en el día de Acción de Gracias, dijo que siempre agradece al cocinero”, expresó Rebecca Hale, presidente de la American Humanist Society, una organización compuesta de ateos, agnósticos y otros no afiliados que se esfuerzan por “producir una sociedad progresista, en la que ser una buena persona sin un dios sea una forma de vivir la vida aceptable”.

Hale agregó riendo, “Bueno, yo no estoy agradecida al cocinero, así que, en realidad, todo es una cuestión de perspectiva”.

Adoptando un enfoque más introspectivo, Hale me dijo que para ella, se trata en realidad de una cuestión de “concientización” (mindfulness).

“A los humanistas, no nos gusta decir ‘gracias’ a alguien con una especie de poder sobre si podemos tener comida en la mesa”, dijo Hale. “Prefiero ser consciente de lo maravilloso que es el universo, consciente de mi familia y de lo que la quiero, consciente del granjero que cultivó las batatas que voy a comer y del camionero que las trajo a la tienda. Se trata de tomarse un momento de pausa para pensar en lo afortunados que somos”.

“Y eso es así aunque hayamos o no trabajado arduamente para [obtener] lo que tenemos. Hay gente que trabaja duro todos los días pero aún así no tiene acceso a un aire puro, agua limpia y abundancia de alimentos”.

El aspecto inclusivo de esta mentalidad es atractivo. Especialmente, me imagino, para las numerosas familias cultural, racial y religiosamente mixtas que se reúnen para compartir una comida que es probablemente más diversa en sus orígenes étnicos que nunca.

“El año pasado pedimos a nuestros miembros que nos escribieran sobre las cosas por las que estaban agradecidos y las respuestas fueron reconfortantes”, dijo Hale.

Hale me envió una amplia muestra de respuestas, que eran parecidas a lo que uno suele oír en la mesa del Día de Acción de Gracias: aprecio por la familia, los amigos, tener un techo y la salud. Quizás con un ingrediente de maravilla e idealismo que, dijo Hale, pocas veces se adjudica a los no religiosos.

Mi agradecimiento preferido: “Mi agradecimiento es por haber participado en este Universo verdaderamente formidable —o multiverso, si lo prefieren— y por haber nacido y vivido una vida que tiene sentido por la manera en que he contribuido a nuestra sociedad”.

Disfruten con el propósito al agradecer con generosidad y profusamente.