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El ojo de Eva: pobreza, discriminación y más

Eva Aridjis junto a Jesús ´Chuy´ Aceves, el protagonista de su nuevo documental ´Chuy, el hombre lobo´.

Eva Aridjis junto a Jesús ´Chuy´ Aceves, el protagonista de su nuevo documental ´Chuy, el hombre lobo´. Crédito: cortesía

Desde que escuchó su caso en la televisión mexicana, se propuso encontrarlo. “El noticiero hablaba de un hombre lobo, un tipo con muchísimo pelo que tenía hipertricosis, una condición rara que afecta a muy pocas personas en el mundo, comenta la cineasta Eva Aridjis, 39.

Cuando, tiempo después, dio con él en la ciudad de Los Ángeles, esta joven supo que allí estaba su próximo proyecto documental. “Jesús Aceves o, como le dicen, Chuy, es un hombre acostumbrado a enfrentar un mundo que día a día le es muy hostil”, apunta. De a poquito, pudiendo ver mas allá de su cara ennegrecida por el vello, Eva se ganó su confianza y la de su familia, un clan de Zacatecas afectado en su totalidad por esta peculiar enfermedad que se transmite hereditariamente, de padres a hijos.

“Son trece, desde pequeñitos hasta adultos y todos tienen hipertricosis y sufren muchísimo. A los niños los molestan tanto en la escuela que acaban dejándola; los adultos no consiguen empleos más que en circos y la gente los maltrata constantemente”, afirma Eva quien con su cámara, siguió a los familiares por el DF, Sinaloa y otras partes de México donde están basados los integrantes de esta ‘familia loba’.

Eva logró un retrato familiar fascinante que va más allá de exponer las penurias que pasan Chuy y los suyos en una era donde la imagen y el culto a la estética se imponen. “Me interesó ahondar en cómo nos tratamos unos a los otros; cómo podemos causar enorme sufrimiento en los demás cuando marginamos y aislamos simplemente por la apariencia”, explica desde la casa donde se crió en Lomas de Chapultepec y donde se encuentra visitando a sus padres.

Nacida en Holanda, criada en ciudad de México y New Yorker desde el 96′ cuando llegó a la Gran Manzana para estudiar cine en NYU, Eva dice tener un pie aquí y un pie allá: “Adoro ambos lugares. En general, escribo mis guiones y edito en Nueva York y suelo filmar en México porque es un país muy surreal, lleno de historias y locaciones bellísimas y porque este es un momento muy favorable para conseguir fondos para películas”.

Desde su primer film –en el que mostró la cruda realidad de niños de barrios marginales que “fuman piedra, no tienen ninguna atención médica y, en general, no llegan a los 25 años”- siempre hace foco en temas de alto calibre social pero le apasionan tanto el género documental como la ficción y tiende a alternar entre ambos. “Elijo temas profundos que puedo abordar con la cámara y un crew pequeño pero después me tienta hacer ficción donde puedo jugar con vestuario y maquillaje, tengo cientos de personas entre actores y colaboradores y soy yo quien inventa la historia”.

Que sea ‘ella’ precisamente quien digita todo es algo difícil de entender en el mundo del cine, aún dominado por hombres. “A veces estoy en un estreno del brazo de mi esposo y cuando llegan los periodistas corren a entrevistarlo a él; piensan que soy una actriz o una productora pero nunca la directora”. Pero lejos de intimidarla, dice, es su combustible. “Ni bien termine ‘Chuy, el hombre lobo’ voy a empezar con un thriller que habla de la relación de nosotros, los humanos, con los animales. Es un proyecto sobre el medio ambiente pero con suspenso”, agrega misteriosa escondiendo sus ojos claros tras su tupido fleco negro.

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