Ama al que piensa como tú

Los estadounidenses piensan que tienen derecho a tener una buena vida, y parte de lo que la hace buena es estar con gente de un mismo punto de vista
Ama al que piensa como tú
Estamos en una época que incita a sentirse a gusto en el entorno.
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Sociedad

” “A la gente no le importa la política”. Lo digo todo el tiempo, en conferencias, reuniones y conversaciones casuales. Lo que quiero decir es que a la “mayoría” de la gente no le importa la política. Especialmente a los que no viven en Washington, o trabajan para el Gobierno de Obama o en el Capitolio. Y, especialmente, si es durante lo que los reporteros políticos consideran como temporada baja —un año en que no hay elecciones de mitad de período ni presidenciales.

A mi afirmación le sigue, generalmente, otra oración para explicar lo que a la gente le importa mucho más que la política —la familia, la educación, los puestos de trabajo, la salud, la religión, la comunidad. Esos son temas tangibles que afectan directamente la vida de las personas.

Y éste es el motivo por el que no hay interés en la política. El cinismo de la población en cuanto a la política ha alcanzado su punto más alto y las tasas de aprobación del Congreso, el récord más bajo. Muchos estadounidenses están desilusionados con ambos partidos y han llegado a la conclusión de que —en este juego- la deshonestidad es endémica y que los únicos intereses que les importan a los políticos son los propios.

Ahora, quizás deba repensar mi posición. ¿Qué si a los estadounidenses les importa realmente la política —y las ideologías en conflicto? Y, de hecho, ¿qué si les importan tanto que están dispuestos a empacar y mudarse de un condado o estado a otro para rodearse de gente que piense como ellos?

Eso es lo que está sucediendo, según un nuevo estudio de investigadores de la Universidad de Virginia. Contrariamente a la sabiduría popular de que la gente se adapta a su entorno —que, por ejemplo, una persona que vive en una ciudad liberal gradualmente se volverá más liberal— el profesor de psicología, Brian Nosek, sugiere que la gente participa en forma mucho más activa en el proceso. La geografía no determina la política de una persona, dice el estudio. A menudo la política de un individuo determina la geografía.

Tal como explicó Nosek, durante una entrevista con National Public Radio, ha seguido las huellas de más de un millón de estadounidenses que se han mudado —tal como lo hacen 50 millones de personas todos los años— examinando también su orientación política.

“Lo que hallamos es que el código postal actual de una persona se alinea más con su ideología que el anterior”, dijo. “Así pues, es más probable que los liberales que vivieron en distritos más conservadores vivan ahora en códigos postales más liberales, y viceversa con los conservadores”.

Esta investigación ayudaría a explicar por qué Estados Unidos se divide en estados rojos y azules, con algunos violeta en el medio. No sucedió biológicamente. Los individuos lo causaron.

Imaginen Uds. la repercusión de este fenómeno en su propio mundo. Uno se encuentra en una reunión del vecindario hablando de política con el vecino de al lado. Resulta que ambos están divididos por asuntos como “Obamacare”, la inmigración o el aborto. No solo es probable que el vecino tienda a alejarse de uno en la fiesta, bajo el pretexto de buscar una bebida. Pero ¿sería posible, también, si muchos otros vecinos piensan como usted, que el de al lado finalmente ponga un cartel de “En Venta”, frente a su casa?

No es tan descabellado. Estamos en una época que incita a sentirse a gusto en el entorno. Los estadounidenses piensan que tienen derecho a tener una buena vida, y parte de lo que la hace buena es la falta de estrés. Y estar con gente que no piensa en política como uno puede ser estresante. Es parte de una corriente mayor. Muchos estadounidenses entran en sus capullos cuando ven las noticias solo en canales de cable liberales o conservadores. Los lectores me dicen que dejarán de leer mi columna si no estamos de acuerdo más a menudo.

Hace unos meses, investigadores de Tufts University, estudiaron los medios y hallaron que algunos de los programas de radio y TV más populares se “basaban en la indignación” y constituían lo que los académicos definieron como “puertos seguros de los tensos intercambios que ellos asocian con conversaciones políticas intersectoriales que pueden producirse con vecinos, colegas y miembros de la comunidad”. Los espectadores y oyentes fueron leales a sus programas favoritos porque consideraron a los locutores como almas gemelas que, a diferencia de los demás, los entendían.

Los estadounidenses se han vuelto más resistentes a considerar diferentes puntos de vista o, según parece, hasta a estar cerca de los que los sostienen. Es una tendencia perjudicial y una clara receta para un pensamiento atrofiado y una población disfuncional. Nunca deberíamos dejar de cuestionar nuestras creencias.

Ahora que sabemos que eso está sucediendo, solo queda una pregunta: ¿cómo lo paramos?