Ningún camino hacia la reforma
Mientras están en medio de un debate sobre la inmigración, los estadounidenses son bastante tolerantes.
Sin embargo, es probable que la mayoría de los estadounidenses no tolere que los inmigrantes ilegales y sus defensores exijan que los legisladores republicanos aprueben una ley bajo la amenaza de ser interrumpidos y hostigados en sus distritos de origen y en los pasillos del Congreso. Esos activistas, entre ellos una coalición llamada Fair Immigration Reform Movement (FIRM), dicen que harán todo lo posible para abochornar a los legisladores como una manera de castigarlos por su inacción. De hecho, el hostigamiento parece haber comenzado; algunos legisladores, como el representante David Schweikert, republicano por Arizona, se quejan de que hay activistas que protestan fuera de su casa e intimidan a sus familias. Eso es inaceptable.
Justo cuando pensábamos que el debate de la inmigración no podía ser más confuso, lo está siendo. Imaginen la cara dura necesaria para que un grupo de activistas algunos de los cuales, podemos suponer, son inmigrantes ilegales y no están en posición de exigir nada amenace y hostigue a miembros del Congreso debidamente electos.
Ese acto enfrentará incluso a los que simpatizamos con la causa de los inmigrantes y a quienes nos gustaría que los legisladores concedieran a los indocumentados un camino a una categoría legal incluso si no conduce directamente a la ciudadanía. Los activistas se equivocaron cuando supusieron que el proceso era para determinar qué es lo mejor para los que quebraron nuestras leyes. No lo es. Es más bien para determinar qué es lo mejor para el país.
Junto con muchos otros estadounidenses, a mí me parece que lo que es mejor para Estados Unidos es rescatar a la gente del purgatorio legal que significa estar atascado entre dos países y no ser parte de ninguno. Pero esa decisión deben tomarla los estadounidenses. Y no me refiero a los “estadounidenses indocumentados” o “estadounidenses no-autorizados” o al último eufemismo en uso. Me refiero a los residentes legales y ciudadanos estadounidenses.
Algunos dirán que estoy diciendo a los inmigrantes ilegales que se queden “en su lugar”. Muy bien. Hablemos de su lugar. Los inmigrantes ilegales están, por definición, en las márgenes de la sociedad, y por difícil que seadeben permanecer al margen de este debate. Es decir, si les importa el resultado.
El debate de la inmigración es sumamente delicado. Y sin duda, no ayuda a la causa de los inmigrantes hacer amenazas, presentar exigencias ni agarrarse berrinches, pues esas conductas proyectan un sentido de tener derecho a las cosas.
Ése es otro problema en la actual rueda de amenazas. Van dirigidas exclusivamente a los republicanos. No es justo ni útil. Los demócratas tienen tanta culpa como sus homólogos del actual lío en que estamos metidos. Recientemente, el senador Chuck Schumer, demócrata por Nueva York, quien ha estado haciendo un doble juego en la cuestión de la inmigración desde el comienzo, enfureció a los activistas cuando sugirió que el Congreso podía aprobar una propuesta de reforma migratoria y no ponerla en vigencia hasta que Obama dejara su cargo en 2017.
Entonces, ¿por qué grupos tales como FIRM amenazan sólo a los republicanos? ¿Por qué no quieren abochornar a los demócratas? Ah, es cierto. Es que no necesitan molestarse. Al tratar burdamente de quererlo todo en este asunto, los demócratas se están abochornando a sí mismos.
The Washington Post Writers Group