Un corazón herido

El regreso de Michelle Bachelet a la presidencia de Chile le da una pizca de esperanza a la resolución política del conflicto fronterizo
Un corazón herido
Michelle Bachelet asumió el poder en Chile, en una ceremonia solemne ante el Congreso del país, en Valparaíso. el pasado 11 de marzo.
Foto: Archivo / EFE

Bolivia

La mediterraneidad boliviana afecta a toda Latinoamerica. Ya son 135 años desde que Bolivia “cedió” el derecho de comercializar directamente con el mundo. Ante la negativa de una secuencia de líderes chilenos, al presidente boliviano Evo Morales no le quedó más remedio que buscar las instancias internacionales para resolver el problema marítimo de su país.

Antes de la Guerra del Pacífico (1879-1883), Bolivia tuvo soberanía sobre las costas marítimas y era dueña de Antofagasta, Mejillones, Tocopilla, entre algunas ciudades portuarias que hoy pertenecen a Chile como resultado de un tratado de paz impositivo.

“…Chile ha ocupado el Litoral [ex provincia de Bolivia] y se ha apoderado de él con el mismo título con que Alemania anexó el imperio de Alsacia y la Lorena, con el mismo título con que los Estados Unidos de la América del Norte, han tomado Puerto Rico…”, sostuvo Abraham Koning, portavoz del Gobierno chileno, antes de la firma del Tratado de Paz y la Amistad de 1904 entre los gobiernos de Bolivia y Chile.

Para los bolivianos, la recuperación total del territorio perdido (120 mil km2) es ilusoria; así como también es insensata la propuesta de resignar sus aspiraciones legítimas sobre las costas del Pacífico. El desarrollo económico de Chile —desde la invasión de Antofagasta en 1879 hasta hoy— está relacionado con las riquezas adquiridas del subsuelo usurpado de Bolivia.

El salitre y el guano, fertilizantes naturales y detonantes de la Guerra del Pacífico, integraron la economía chilena con los mercados europeos y estadounidenses. Los depósitos de cobre descubiertos en Chuquicamata, anteriormente Bolivia, han sido el pulmón de la economía chilena desde su explotación a inicios del siglo XX.

Por el contrario, el enclaustramiento de Bolivia no simplemente retardó a su economía, sino también produjo períodos de inestabilidad social y política. Las consecuencias fueron el subdesarrollo y la pobreza.

Una vez concluida la Guerra del Pacífico, varios gobiernos chilenos trataron de resolver la mediterraneidad boliviana a través de la negociación. Al final, todo se desplomó debió a la irracionalidad de las propuestas.

Javier Murillo de la Rocha, ex canciller de Bolivia, resume elocuentemente la inoperancia de los gobiernos chilenos: “Chile ha ido disminuyendo progresivamente su voluntad de alcanzar un arreglo hasta llegar a la negativa total”.

El regreso de Michelle Bachelet a la presidencia de Chile le da una pizca de esperanza a la resolución política del conflicto. Sin embargo, en un mundo globalizado, donde las leyes internacionales poco a poco son el vector principal de resolución de conflictos, Bolivia confía en la objetividad y racionalidad de la Corte Internacional de Justicia para reparar más de un siglo de injusticia.

América del Sur siempre estará herida mientras su corazón (Bolivia) palpite debilitada por la falta de brisa marina del océano Pacífico. Bolivia necesita de una salida soberana al mar.