Un paseo de ida y vuelta por la Bergenline

Un pequeño rincón de América Latina vibra a lo largo de la popular avenida en Nueva Jersey
Un paseo de ida y vuelta por la Bergenline
El caos en el servicio de transporte también caracteriza a la avenida Bergenline.
Foto: EDLP / Gerardo Romo

NUEVA JERSEY — Viajar de Nueva York al Estado Jardín en los minibuses que llaman “jitneys”, “dollar buses”, “guaguas” o “colectivos”, se siente como un recorrido por Latinoamérica. No sólo por el origen de la mayoría de los pasajeros, sino también por la cálida relación entre ellos, que a menudo se conocen y entablan animadas conversaciones.

Y también, claro, por el caos del servicio: no siguen un itinerario, paran a veces donde quieren, y los conductores pueden ser rudos. Sin embargo, este servicio poco regulado llena un vacío que no cubren ni los buses del NJ Transit ni el tren Path.

Los choferes de los minibuses ganan según el volumen de su trabajo: entre más pasajeros recogen, más dinero hacen. Parten desde Washington Heights y desde la calle 42 en Manhattan, atraviesan el río Hudson por el puente George Washington o el Lincoln Tunnel, y recorren la avenida Bergenline del otro lado del río, llegando a Passaic, Paterson y más allá.

“Nosotros competimos entre nosotros mismos. Es la guerra del centavo”, dice Luis Patiño (60) nativo de Armenia, Colombia, quien conduce en la zona desde hace cinco años.

La siempre congestionada Bergenline abarca cuatro millas a lo largo de cuatro pueblos llenos de cultura latina: Union City, West New York, Guttenberg y North Bergen. “Yo lo llamo la galería larga”, expresa Patiño, con el nombre con que se conoce a las plazas de mercado en la región cafetera de Colombia. “Pero ahora está tranquila, apenas hay cuatro o cinco bares abiertos en la noches. En los ochentas y los noventas era pesada. Lo único que sigue siendo pesado es el tráfico”.

Hasta en el congestionado tráfico, la Bergenline recuerda cualquier avenida comercial en Latinoamérica. Los andenes son estrechos y el tráfico vehicular circula con problemas la mayoría de las horas. Son 90 calles; desde la calle 1 en Union City hasta la 48, sólo en sentido norte, y de la 47 a la 90, en los dos sentidos. El núcleo comercial va desde la calle 25 hasta la 90.

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Aunque muchos pequeños negociantes han sufrido por el crecimiento de los “malls” o centros comerciales en Jersey City y Paramus y grandes cadenas de tiendas con descuento como Target y Wal-Mart, el número de negocios hispanos es asombroso.

Como el que se adentra en las callejuelas del Barrio Chino, así debe ser para un extranjero caminar por la Bergenline: Pupusería Doña Antonia, El Rey del Taco, El Pollo Supremo, Despensa del Ahorro (como llaman a los mercados en Centroamérica), La Sabrosura Supermarket, Salón de los Testigos de Jehová, El Bacán Comida Peruana son algunos de los nombres.

El negocio de envíos de dinero y mercancías Argenper combina los nombres de dos países suramericanos. Es casi una rareza ver grandes corporaciones como Bank of America y Capital One.

La tímida pero amable mesera del restaurante La Mexicanita indica que la mayoría de sus clientes son mexicanos, “pero también hay dominicanos, salvadoreños, hondureños, pocos chinos y uno que otro blanco que está de paso”.

Guliana Cuenca (35), peruana del Callao, llegó hace 20 años y trabaja como cocinera del restaurante El Bacán. Aterrizó en Queens pero al poco tiempo se fue para la Bergenline. “He vivido en cuatro direcciones distintas en la avenida. He visto cómo poco a poco se han ido los cubanos y llegan los centroamericanos y los peruanos”, describe.

Quizás el hijo más ilustre de la Bergenline nació en Nueva York de padres cubanos, pero creció al otro lado del río: el senador demócrata (NJ) Robert Menéndez fue alcalde de Union City, desde 1986 hasta 1992.

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