Maleficent o por qué las brujas no existen

La nueva película de Disney presenta una historia distinta a lo que recuerdas de Sleeping Beauty.
Maleficent o por qué las brujas no existen
Angelina Jolie es una perfecta Maléfica.
Foto: http://movies.disney.com / maleficent

Hay amores que debes matar para que no te maten, pero también hay amores que te salvan de morir. Éste es el resumen de Maleficent (2014), el debut cinematográfico de Robert Stromberg (Alice in Wonderland, Avatar).

Para una niña que creció con el recuerdo de la bruja de Sleeping Beauty (1959) convirtiéndose en un imponente dragón, la nueva Maléfica puede parecer hasta naïve. Sin embargo, un factor hace de Maléfica un personaje encantador: su humanidad. O lo que es lo mismo: nadie es tan malo-malo y nadie es tan bueno-bueno (con excepción de Aurora, que es caso perdido).

Las pasiones que mueven a la bruja y al príncipe no perderán vigencia nunca: el amor, la ambición, el rencor, el odio. Emociones que mezcladas con buenos efectos especiales, logran una película entretenida y hasta conmovedora.

Porque ¿qué mujer (y hombre también) no se ha sentido rodeada por espinas, con ganas de esconderse en la parte más oscura de su corazón, luego de una decepción amorosa? ¿O qué mujer no ha tenido que soltar al que creyó un príncipe azul para continuar su vuelo? ¿Qué mujer (y hombre también) no se ha dado cuenta que el perdón es la única manera de exorcizar sus demonios? Suena cursi, pero I don’t care, porque tú sabes de qué hablo.

El casting de Angelina Jolie como la bruja es perfecto, no así el de los príncipes que no son ni guapos ni gallardos como un buen príncipe de Disney debería ser, pero si el mismísimo Disney se ha atrevido a revalorar a sus brujas, entiendo que se atreva a seleccionar príncipes feos que -dicho sea de paso- no compiten con la belleza de Angelina.

El vestuario de la bruja es maravilloso y no se diga el simbolismo de las alas: un supuesto príncipe azul te corta las alas, se las lleva consigo, ¿y qué te queda? Regodearte en la amargura y pensar en la venganza, hasta que descubres que el tal príncipe no era lo que pensabas y que tu rencor sólo te hace cometer acciones de las que te puedes arrepentir… hasta que te liberas, recobras tus alas y sigues el vuelo. Por eso, para mí esta Maléfica no parece ni hada, ni bruja, ni princesa; parece más bien una mujer de las de todos los días, con su carne y sus huesos.