Periodistas bajo fuego en Honduras
La violencia en el país silencia las voces que lo pueden narrar y lo viven desde adentro
Herlyn Espinal era el coordinador de noticias del telenoticiero Hoy Mismo, en San Pedro Sula. Crédito: Captura de video de La Prensa Honduras
¿Qué se puede decir, que no se haya dicho ya, respecto a la violencia contra los periodistas en Honduras? Muy poco. El 21 de julio apareció el cadáver de Herlyn Iván Espinal Martínez, el periodista número 41 asesinado en ese país desde 2003. Es el octavo caso en lo que va de 2014, según cifras de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Honduras que cita la prensa hondureña.
Saltan a la vista conclusiones obvias acerca del asesinato de los periodistas (independientemente del móvil): (1) es el reflejo del nivel de violencia en Honduras, que todavía ostenta la tasa de homicidios más alta del planeta; (2) también es la consecuencia del nivel de impunidad que ronda el 80 por ciento en todos los homicidios en general, y el 90 por ciento en el caso de los periodistas; (3) desde hace 11 años, ningún presidente ha sido capaz—ni Ricardo Maduro, Manuel Zelaya, Roberto Micheletti, José Lobo o el actual Juan Hernández—de al menos mitigar los números rojos en ese país (en crecimiento desde hace años). Al contrario, la situación empeora: la violencia causa zozobra, erosiona la economía, empobrece, y reduce las oportunidades de progresar. El resultado mas claro es que los hondureños siguen siendo mayoría entre los migrantes centroamericanos, menores y adultos, que intentan llegar a EE.UU.
Tristemente, la humanidad de cada víctima de asesinato se pierde en la inmensidad de las cifras y la frecuencia de los hechos. Sucede lo mismo que a las historias generadas por la emigración de miles de menores de edad que la prensa reproduce. Después de un mes y medio de titulares del tema, palidece la realidad que este éxodo desnuda: las pocas oportunidades para ganarse la vida que el hondureño promedio tiene en su país. Y cuando algunos las alcanzan, la violencia les ataja, les trunca, y silencia sus historias de heroísmo cotidiano que tanto necesitan escuchar quienes luchan por sobrevivir o sobresalir en Honduras. Ese fue el desenlace de Herlyn Espinal.
Tenía 31 años. Era el coordinador de noticias del telenoticiero Hoy Mismo, en San Pedro Sula. Una periodista lo vio cubriendo la llegada del primer vuelo con niños migrantes deportados de EE.UU. Una semana después, el 20 de julio por la noche, fue a una reunión con amigos. Se presume que lo secuestraron a pocas cuadras de su casa en Santa Rita, Yoro, donde su familia encontró su vehículo. Luego, algunos testigos vieron a Espinal acompañado de dos hombres y una mujer cuando viajaban en un pick up sin placas.
Sus victimarios lo trasladaron a Santa Cruz de Yojoa, Cortés (al norte de Honduras), donde entre las tres y cuatro de la madrugada, otros testigos escucharon cuatro detonaciones. En el lugar, la policía halló varios casquillos de calibre 9mm que vincula al crimen y, en un sector aledaño, su camisa ensangrentada. Algunos reportes de prensa indican que primero lo atacaron a 5 kilómetros de su casa. Otros, que también le dispararon donde abandonaron su cuerpo. El 21 de julio en la tarde, Herlyn apareció en una calle de terracería, entre las aldeas La Danta y El Chagüiton, en Cortés. Tenía seis heridas de bala y estaba sin vida.
La muerte por arma de fuego es el mismo fin que ha tenido el 90 por ciento de periodistas asesinados desde 2003, una tendencia similar a la de los homicidios en general en el país—de miles de vidas inconclusas.
“Herlyn era de esos jóvenes que tenía ganas de seguir adelante”, le dijo una colega de Espinal a la prensa hondureña. Ahora es una víctima. Y tal parece que no hay alivio a la vista para los compatriotas que le sobreviven en Honduras o afuera.
Por ahora, EE.UU. analiza que los hondureños puedan solicitar refugio en ese país por medio de la Embajada de los EE.UU. en Honduras, para que eviten las tragedias que conlleva la travesía por tierra. Sin embargo, la medida no contempla la reducción de requisitos para recibir refugio. Además, según The New York Times, de ser aprobadas unas 1,750 solicitudes de refugio para hondureños, el costo estimado sería de US$47 millones durante dos años. Y seguramente las solicitudes rebasarían con creces esa cifra.
Actualmente, EE.UU. tiene una cuota anual de 5 mil visas de refugiado para Latinoamérica y el Caribe. Los senadores republicanos de Arizona Jeff Flake y John McCain propusieron un proyecto para crear una cuota de 5 mil las visas de refugiado para el triángulo norte centroamericano (Guatemala, Honduras y El Salvador). Sin embargo, entre octubre y la fecha, al menos 60 mil menores de edad emigraron indocumentadamente a la frontera estadounidense. El número de adultos migrantes es igual de alarmante.
Ahora las historias de estos migrantes tienen una voz menos que las relate, un hondureño menos en su país que viva y narre su propia historia. Un desconsuelo total.