Mirando al Sur: Tengo un amigo…
No está en el Facebook para hablar de él ni para presumir compras, viajes o frivolidades
Los teléfonos y las redes sociales te dan la ilusión de estar cerca, a pesar de las millas de por medio. Crédito: Shutterstock
Brownsville, Texas.- Tengo un amigo que es real y al mismo tiempo irreal, como sucede con casi todos los amigos de estos tiempos. Me explico: es real porque lo conozco desde hace muchos años, porque he estrechado su mano, porque he compartido su espacio, y aunque hace tiempo que no lo veo el afecto y la amistad continúan iguales de vigentes que cuando lo veía con frecuencia. Y es irreal porque está en mi lista de amigos de Facebook donde hay de todo: amigos, no tan amigos, y verdaderos desconocidos.
Como alguna vez lo comenté, el Facebook, y en general todas las redes sociales, son una vitrina pública en donde la mayoría exhibimos nuestras grandezas pero también nuestras pequeñeces, sólo que la mayoría sin darnos cuenta: qué compramos, a dónde fuimos, qué comimos, cómo vestimos y todas las cosas banales e inútiles que somos capaces de pensar, hacer y decir. Y le agregamos fotos.
Pero no todos son así. Hay quienes están allí para aportar cosas con las que sienten que hacen al prójimo, quizás sin pensarlo, un poquito mejor. Mi amigo es así, y por ser así forma parte de una selecta y muy respetable minoría. No está en el Facebook para hablar de él ni para presumir compras, viajes o frivolidades. Usa FB para convidarnos una dosis diaria de arte y cultura en sus diferentes formas: textos, poesías, música, fotos de lugares, pinturas, tejidos, esculturas, pensamientos, etc.
Esta semana, por ejemplo, nos entregó, entre otras cosas, poesía de la China antigua y en sorprendente contraste en el que suele caer con frecuencia, remató con una docena de fotos de vestidos autóctonos de diferentes regiones de México, en un delicioso festival de colores y figuras.
Pero mi amigo no hace eso sólo por hacerlo. Al contrario, tiene muchas razones: es culto, es maestro, es escritor, es periodista y es ciudadano del mundo. Ha publicado varios libros y aunque es de origen español el género literario que ha cultivado desde que se estableció en Arizona es la literatura chicana, en el que es nacionalmente conocido y prestigiado. Durante mucho tiempo mi amigo fue maestro en la Universidad Estatal de Arizona y ahora, ya retirado, se niega a quedarse quieto y parece que en vez de una aula de clases utiliza el Facebook para seguir enseñando y convidándonos sus valiosas entregas culturales diarias. Otra forma en que el amigo del que aquí les hablo extiende su labor es con su recientemente creada revista La Palabra, en donde ofrece espacio para que otros autores publiquen sus trabajos.
Yo invito a quienes lean estas líneas y pertenezcan a las gigantescas filas del Facebook a que busquen a mi amigo para que también sea amigo de ustedes y para que además de disfrutar de sus muy disfrutables “posts” le ayuden para que su esfuerzo e interés por convidarnos cultura y conocimientos alcance a más personas. No tengo dudas de que él aceptará sus solicitudes de amistad con gusto. Lo sé porque lo conozco. Es muy fácil, sólo pongan su nombre en el buscador y listo.
Su nombre –y lo escribo con mucho afecto y con mucho más respeto-, es Justo Alarcón. El profesor, el doctor, el escritor, el amigo Justo Alarcón.