De regreso a Irak

Primero los aviones estadounidenses lanzaron toneladas de ayuda humanitaria para las decenas de miles de refugiados que en el norte de Irak huyen del Ejército Islámico. Más tarde, Estados Unidos bombardeó la artillería de los extremistas suníes.

Este es el regreso de Washington al frente iraquí, país que dejó hace 3 años después de una tormentosa invasión. Se podrá culpar a la Administración Bush de despertar las divisiones sectarias con su intervención, pero el escenario de hoy tiene sus propios orígenes.

Por un lado la guerra contra el régimen de Assad en Siria aglutinó a los militantes suníes, con el respaldo de naciones como Kuwait y Arabia Saudí, de los cuales el Ejército Islámico es una división de Al Qaeda, aunque con una visión religiosa más extremista. Por el otro, el gobierno iraquí del primer ministro Nouri al-Maliki, ha aislado y hasta perseguido a los suníes. Este maltrato creó simpatía entre esta población con los militantes suníes que se apoderaron de un pedazo de Siria e Irak para declararlo un Califato con la aplicación más extrema del islamismo. Las decapitaciones y ejecuciones que dejan a su paso ejemplifica su barbarismo y son una señal de lo que ocurre con quien no se convierte a su religión.

Ahora hay decenas de miles de refugiados que huyen del Ejército Islámico y hasta el mismo Kurdistán está bajo acecho. Las bombas de Estados Unidos detendrán momentáneamente el avance extremista y nada mas. Es una reacción a una crisis con odios religiosos que Washington, lógicamente no puede resolverlos.

Estados Unidos tiene una responsabilidad sobre Irak dada la malograda intervención, pero la protección de cientos de miles de cristianos, yazidis y kurdos de un exterminio recae en las naciones más desarrolladas. La decisión de Francia de ayudar, por ejemplo, es un primer paso aunque se necesita mas que apoyo moral para frenar al Ejército Islámico.

Es inquietante volver a ver una acción militar de Estados Unidos en Irak; es inevitable temer múltiples ramificaciones. También es difícil ignorar la crisis que se esta desarrollando. La solución al problema político-religioso está en las manos de los iraquíes, y el evitar una terrible matanza debe ser una preocupación internacional