Rikers Island, “lugar de horror” para jóvenes latinos

Exrecluso narra el infierno que vivió durante su estancia en la segunda prisión más grande del país

La alianza de Casco con la pandilla dominicana “Patria” lo salvó de las palizas a manos de reclusos y oficiales, según relató a El Diario.

La alianza de Casco con la pandilla dominicana “Patria” lo salvó de las palizas a manos de reclusos y oficiales, según relató a El Diario. Crédito: Humberto Arellano / EDLP

NUEVA YORK — La primera noche de Frank Casco en “La Roca” fue suficiente para conocer la diferencia entre el miedo y el terror.

Era 2008 y el salvadoreño criado en las calles de Far Rockaway tenía 18 años. En su primera noche tenía de compañero de celda a un delgado afroamericano de unos 16 años. El chico parecía nervioso y se levantó de la cama varias veces.

Un guardia, impaciente, le pidió que se acercara a una esquina donde no había cámara, y sin motivo le dio un golpe en la cara que lo noqueó al instante”, recordó Casco (24). “En ese momento supe que estaba en el infierno”.

Ahí vio de primera mano a qué se refiere el contralor de la ciudad, Scott Stringer, cuando denuncia la “cultura de violencia” en Rikers Island, la segunda prisión más grande del país con una población de 12,300 reclusos.

La odisea de Casco, un mecánico de Queens cuya familia emigró de El Salvador a finales de la década de los 80, empezó cuando estaba por cumplir 17. Tras ser arrestado por vandalismo y grafiti, pasó unos ocho meses en la correccional de menores Horizon Juvenile Center, en El Bronx, y fue liberado bajo probatoria con la condición de no involucrarse en delitos por al menos un año.

A pesar de la advertencia, al regresar a Far Rockaway High School volvió a ser suspendido y los guardias de seguridad realizaron un reporte que comprometería su libertad.

Casco alega que pidió a los uniformados desistir de notificar el incidente colocando la mano, como señal de súplica, en la libreta de notas.

“El oficial reaccionó violento y me empujó. Yo respondí con la misma acción sin pensarlo, pero me dio un tremendo golpe en la boca”, relató mostrando una cicatriz en el labio superior. “La pelea fue suficiente para enviarme a Rikers hasta conseguir el video de seguridad que me exculpaba”.

Casco comentó que, una vez en “La Roca”, su alianza con la pandilla dominicana “Patria”, de Queens, con los que creció en Far Rockaway y a los que aprecia como hermanos, lo salvó de las palizas a manos de reclusos y oficiales.

“Mi protección se ordenó desde la calle. En “La Roca” un hispano solo es un hispano muerto”, aseguró el joven, cuyo acento puede confundirse con el de Quisqueya.

En la modesta cocina de su apartamento, que comparte con su novia dominicana en un complejo de vivienda pública, Casco contó que en el temido centro penitenciario la comida es tan cotizada como la droga y la pornografía.

Las mejores raciones, dijo, son acaparadas por los llamados “dueños de la cárcel”, aquellos reos con más antigüedad en la isla-prisión conectada a Queens por un puente, y que ganaron con sangre un estatus privilegiado.

“Las rejas no aprietan a los reos con poder”, dijo. “Las mujeres llevan la droga en la boca y se la pasan a sus hombres en las visitas. Rikers no es inviolable”.

Además, los “dueños de la cárcel” supuestamente pagan a los guardias por beneficios como usar el teléfono hasta por una hora.

Casco aseguró que estuvo confinado más de un año luego de que sus presentaciones en la corte fueran postergadas al menos cinco veces.

“Si vas a salir y no le caes bien a un guardia, te causa problemas para que te quedes más días. Los oficiales con rango se hacen de la vista gorda”.

Al salir de la cárcel, sin récord criminal al ser exculpado, Casco terminó la secundaria y estudió mecánica. Su meta inmediata es matricularse en la universidad.

“Hay un antes y después de Rikers”, aseguró. “Ese lugar de horror te cambia quieras o no”.

El contralor Scott Stringer reveló que las reclamaciones por lesiones corporales de los internados en los centros penitenciarios de la ciudad se han multiplicado en los últimos años.

El Departamento de Corrección (DOC) encara este año 2,245 reclamaciones legales por lesiones físicas, un incremento del 37% desde 2013 y del 114% desde 2009.

El incremento se ha producido principalmente en algunas unidades dentro de Rikers Island, como el centro correccional Otis Bantum, donde aumentaron 174% en los últimos cinco años.

“La cultura de la violencia detallada en los informes recientes sobre Rikers Island deja en claro que estamos frente a una potencial crisis humanitaria en la cárcel más grande de nuestra ciudad”, sostuvo Stringer en un comunicado de prensa. “La reducción de la violencia en nuestras cárceles es de vital importancia (…) para los contribuyentes que sufragarán millones de dólares en acuerdos judiciales cada año”.

En los últimos cinco años se registró un aumento del 34% en compensaciones, incluyendo $8.5 millones en el año fiscal 2011. La Contraloría pronostica pagos similares en los próximos años.

Para ver el informe de la Contraloría puede visitar: http://comptroller.nyc.gov/wp-content/uploads/2014/08/ClaimStat-Alert-0814.pdf

Entre los presos latinos, el complejo penitenciario es conocido como “La Roca”, por el contexto de violencia y disciplina que cruza la línea del abuso. Exreclusos comentan que calcetas llenas de jabón apelmazado son armas comunes para causar un gran dolor sin dejar marca. zaira.cortes@eldiariony.com

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