México: Engaños que a nadie engañan…
"Mirando al Sur": blog del periodista Luis Manuel Ortiz que comenta los sucesos de actualidad desde Texas
Brownsville, Texas.- Mis últimas columnas se han referido más frecuentemente a asuntos de México, el país del que me ausenté hace ya muchos años. Ello se debe en buena parte a que cambié mi residencia a una ciudad fronteriza donde se observan con más detalle las cosas que pasan en ese bello país que ha sido, es y por lo visto seguirá siendo víctima de la clases política que lo dirige.
Escucho, por ejemplo, estaciones de radio mexicanas y leo numerosos periódicos impresos de diferentes áreas de México –no sólo en internet como tenía que hacerlo hasta hace poco tiempo-. Y ni lo que escucho ni lo que leo me lleva al México que deseo y que desea, y no encuentra, la mayoría de los mexicanos.
En radio, por ejemplo, me topo con una lluvia constante y cansona de mensajes oficiales que hablan de lo bien que trabaja el gobierno para darle al pueblo satisfacción, seguridad, bienestar, progreso, justicia, y agregue usted todos los etcéteras que quiera. Los “spots” hablan de lo mucho que se beneficiarán los mexicanos con las reformas constitucionales a las comunicaciones o a la energía, entre otras. Insisten en verdades tan bonitas que uno se transporta al reino de “Todo Está Bien Para qué te Quejas”.
Las reformas impulsadas por el régimen del presidente chaparrito guapetón Peña Nieto harán que la electricidad y los combustibles sean más baratos, que el internet sea gratis y de fácil acceso, que todos puedan ver más estaciones de televisión sin pagar más, que las llamadas nacionales por teléfono no le cuesten a la gente… y agregue otro montón de etcéteras.
Pero eso, a más de ser mentiras disfrazadas de verdad, no dicen que tales cosas más que beneficiar a la población beneficiará a los empresarios. ¿Quiénes dominan el mercado de la televisión y la telefonía fija y celular? Sencillo: Televisa, TV Azteca, Carlos Slim y un pequeño grupo que controla una gigantesca rebanada de la economía nacional.
No podemos empeñarnos en la idea de que las comunicaciones, la energía y otras riquezas nacionales sigan siendo exclusividad del gobierno, un poco porque es un pésimo administrador y un mucho porque –lo más importante- le permite elevar al cubo sus prácticas de corrupción. Pero tampoco podemos aceptar la verdad mentirosa, o mentira verdad, de que al privatizarlas, poniéndolas en manos particulares, el mayor beneficiado será el pueblo.
No tengo duda de que pocos mexicanos, pero en verdad muy pocos, podrán responder afirmativamente a las siguientes preguntas: ¿Han sentido alguna mejoría en la calidad de los servicios prestados por Teléfonos de México, Ferrocarriles, las instituciones bancarias y financieras desde que fueron privatizadas? ¿Los servicios telefónicos han mejorado y se han abaratado? ¿Tiene México un buen servicio de transporte férreo de pasajeros como en otros países? ¿Los trámites bancarios se han simplificado? ¿Se han abaratado los créditos para la adquisición de vivienda o bienes personales? ¿Las autopistas y carreteras en manos privadas han mejorado su calidad y cobran tarifas justas?
Todos los servicios que estaban en manos del gobierno mexicano –banca, electricidad, transportes, comunicaciones- y que por tradición ofrecieron siempre una calidad muy baja y cara- mantuvieron el mismo y pésimo nivel una vez que fueron privatizados. Y en algunos casos, como los de teléfonos, peor y más caros.
¿Dónde entonces radica el beneficio para la población? A la luz de los acontecimientos actuales e históricos no hay beneficio alguno para el pueblo y en cambio sí lo hay, enorme, incalculable, para ciertas y muy pocas personas.
Y si no lo creen, pueden preguntarle a un señor llamado Carlos Slim que al adquirir Telmex dejó de ser el hombre más rico de México… porque se convirtió en el más rico del mundo.