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Ex braceros: la postura de unos viejos ex migrantes sobre la Reforma Energética

Los ex braceros son un colectivo más que ha fijado su postura de rechazo tras la aprobación de la Reforma Energética

Los ex braceros: ex migrantes mexicanos que se manifiestan desde 1998 por la devolución de los ahorros que les fueron descontados mientras trabajaron en Estados Unidos mediante el Programa Bracero (1942-1964). Ellos son sólo un colectivo más que ha fijado su postura de rechazo tras la aprobación de la Reforma Energética. En esta ocasión queremos hacer referencia principalmente a lo referido por el grupo aglutinado por el Centro Jalisciense del Adulto Mayor y el Migrante (CJAMM) en Guadalajara, Jalisco.

A lo largo de su movimiento social, estas personas de la tercera edad han recibido el apoyo de innumerables asociaciones y agrupaciones sociales. Su situación de vejez y en la mayoría de las ocasiones de humildad, han provocado que la sociedad civil les otorgue un margen más amplio de justicia en sus reivindicaciones, y por consiguiente su apoyo. En este tenor, en bastantes ocasiones los ex migrantes han pagado tal ayuda, otorgándole apoyo a otras causas sociales, como ahora lo es la lucha contra la privatización del petróleo.

En los últimos meses el CJAMM ha impulsado la conformación de un Frente en contra de la privatización de la industria energética mexicana, buscando el rescate y salvaguarda de los recursos naturales que -se cree- están a punto de entregarse a compañías extranjeras. La unión, la solidaridad, y el amor por la patria son los principales elementos que se pueden advertir entre los ex braceros como motivos para manifestarse y estar en contra de la puesta en marcha de la Reforma. Otra razón muy importante para estar en desacuerdo es que si bien no fueron protagonistas directos de la expropiación petrolera en 1938, por su edad estuvieron muy cerca del suceso, y miles de ellos lo vivieron como niños. En breve entrevista con el ex migrante Bernardo Villeda Chavarría, originario de Actopan, Hidalgo (de 81 años), y nacido en 1933; rememoró como entre los 8 y 10 años (hacia 1940) trabajó con su padre en una gasolinera de la cual este último era empleado. De alguna manera, una de las fuentes de empleo y por tanto de sustento de la familia, fue la recién expropiada industria petrolera. Amparado en estos recuerdos, para el ex bracero hidalguense la actual Reforma Energética consolidará un “atraco, un robo al pueblo” de México; por lo cual no duda en llamar “sátrapa” a Enrique peña Nieto, al considerar que éste “fue a ofrecerle el petróleo a los extranjeros”.

En efecto, fueron muchos los beneficiados en su momento por las políticas de expropiación y modernización impulsadas por el entonces presidente Lázaro Cárdenas. En las décadas subsecuentes, el país entró a una senda de desarrollo económico duradera y estable. Como lo sugieren diversos historiadores, el Estado se enfocó en lograr la consolidación de “una etapa nacionalista, popular, independiente y moderna”, que dio como resultado un crecimiento sostenido, y una etapa dorada conocida como el Milagro Mexicano (1940-1970).

En tal contexto, dentro del concierto de naciones latinoamericanas, México encabezaba el desarrollo económico, social y cultural de los pueblos de la región, con índices de crecimiento (del PIB) cercanos al 5 y 6 por ciento.

Para Gilberto Parra, coordinador del CJAMM, el anterior contexto propició que en el México de mediados del siglo XX no se registraran “las monstruosidades de desigualdad social, de violencia, de injusticia salarial que se están presentando actualmente”. En consecuencia, para Gilberto Parra la privatización de la industria energética “es un atraco a la nación, de gravísimas consecuencias para el pueblo de México”; consecuencias que se traducirán en más miseria, desigualdades, desempleo, y más violencia. Lo anterior si tomamos en cuenta que se perderá en gran medida la autonomía energética, se dará una fuga de ganancias hacia el extranjero, y en México los precios de los hidrocarburos y la electricidad difícilmente bajarán, como afirma el gobierno federal.

Diversos especialistas, investigadores, diarios en México y en el extranjero, y por supuesto miles de personas en las redes sociales, coinciden en una cuestión: la Reforma Energética traerá más efectos negativos que positivos. El devenir histórico no ha mostrado que muy pocas de las expectativas de crecimiento, bienestar y justicia social vendidas con fanfarrias por las administraciones de los años ochentas y noventas se han cumplido. Por el contrario, con el desmantelamiento y sistemática privatización de las empresas paraestatales (como Telmex o Ferrocarriles Nacionales), pocos son los beneficios que ha obtenido el ciudadano común. Entonces, ¿Tenemos un antecedente histórico positivo para confiar en que la privatización de Pemex vendrá acompañada de una mejora en la economía del país y en las condiciones de vida de la población más vulnerable?

En tal contexto, una de la esperanzas de los integrantes del CJAMM, es que esta situación pueda generar un polo de fuerzas sociales que se aglutinen en torno a la demanda de cambiar al país, de luchar por tener un México para todos, y no solamente para unos cuantos. En definitiva, al sintetizar los diversos puntos de vista (ex braceros, activistas, entre otros) podemos concluir en que el país está en franca decadencia, y la Reforma no hará otra cosa más que agravar la situación. Citando al investigador Eduardo González Velázquez, ahora me pregunto: puesta en marcha la contra-Reforma Energética, “¿Se seguirá conmemorando año con año en México la expropiación petrolera de 1938?”, ¿O prevalecerá la “ignominia”?

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