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Muerte con dignidad

Una decisión entre Dios y el paciente moribundo

California necesita urgentemente una ley de Muerte con Dignidad, que reconozca la práctica médica para ayudar a morir.

California necesita urgentemente una ley de Muerte con Dignidad, que reconozca la práctica médica para ayudar a morir. Crédito: Morguefile

Como ministro, he tenido la bendición de aconsejar a muchas personas que se preparan para el final de sus vidas. He aprendido que muchos prefieren morir con dignidad que vivir con un dolor insoportable y el sufrimiento innecesario de una enfermedad terminal.

Este entendimiento llegó a mí por primera vez durante los primeros días de la pandemia del SIDA en la década de 1980, cuando no había una opción médica para poner fin al horrible deterioro físico de los pacientes antes de su muerte.

También conocí a una mujer con un tumor cerebral incurable y a su madre, mientras se movían en la dirección de liberarla de ese dolor insoportable que no cesaba.

Yo no sabía que esos sagrados momentos me estaban preparando para el momento en que mi padre de 90 años, nos anunció que en vista de su estado de debilidad, sin posibilidad de mejoraria, sólo quería morir en paz.

“No tengo miedo morirme. Lo que no quiero es más dolor “, dijo.

Sufrimiento

¿Por qué los pacientes con enfermedades terminales tienen que sufrir innecesariamente y soportar el dolor incesante en contra de su voluntad al final de sus vidas?

Los avances en la ciencia médica hacen posible que muchos de nosotros podamos extender nuestras vidas, pero no todas las enfermedades se pueden curar. Algunas de estas intervenciones prolongan el proceso de muerte más allá de su curso normal. Exámenes y “tratamientos” a menudo producen más dolor que alivio, dejando a muchos pacientes en un ‘cascaron’ de lo que solían ser, privándolos de disfrutar de los placeres humanos más elementales.

Muerte con dignidad

California necesita urgentemente una ley de Muerte con Dignidad, que reconozca la práctica médica para ayudar a morir. Estas leyes permiten a los pacientes con una enfermedad terminal, mentalmente competentes y con un pronóstico de vida de seis meses o menos, la opción de obtener la prescripción de un medicamento letal que pueden tomarse por sí mismos y poner fin a su proceso de muerte, si éste se vuelve insoportable.

¿Por qué?

Porque muchos californianos sufren innecesariamente y soportan el dolor implacable de un cáncer terminal u otras enfermedades mortales. Muchos otros temen a la agonía del final de sus días y de los síntomas que los cuidados paliativos no pueden eliminar. Desafortunadamente, algunos toman decisiones desesperadas y acaban con sus vidas violentamente, cuando deberían morir con paz y dignidad.

La campaña

Esta es la razón por la que Compassion & Choices, la organización sin fines de lucro más antigua y grande del país, que trabaja para mejorar los cuidados y aumentar las opciones al final de la vida, ha lanzado una campaña en California para que la ayuda a morir al final de la vida sea una opción disponible. La muerte con dignidad es una opción disponible para los residentes de Oregon, Washington, Montana, Vermont y Nuevo México.

Los californianos merecen este mismo derecho humano básico.

El derecho humano

Me crie católico y desde pequeño me enseñaron que sólo Dios tiene el derecho de tomar nuestras vidas. En ningún momento, que yo recuerde, vi que los pacientes con SIDA, la mujer con cáncer de cerebro o mi padre preguntaran si Dios aprobaba su decisión de poner fin a su dolor y experimentar una muerte pacífica. Jamas cuestionaron la misericordia de Dios.

La ayuda para morir es un derecho humano básico. No es lo que dice la iglesia, o nuestra cultura o la familia. Es una decisión personal entre un paciente moribundo y su Dios. Yo creo que Dios entiende el anhelo de la elección de los pacientes cuya muerte parece inminente y el tratamiento médico no ofrece ninguna esperanza de cura.

Muerte en paz

Mi padre tuvo una muerte pacífica al dejar de comer y beber voluntariamente, (VSED, por sus siglas en inglés) y aceptar sedantes medicados para aliviar su sufrimiento extremo. Por lo tanto, no tenía conocimiento; estuvo inconsciente hasta que la naturaleza siguió su curso. Estaba rodeado por su amada familia, amigos de la iglesia y las enfermeras de cuidados de hospicio. Pero sé que si hubiera tenido la opción, habría preferido una muerte digna. Hubiera querido estar consciente y presente con nosotros, hasta el instante en que él mismo controlara el momento y la manera de su muerte.

Los residentes de otros cinco estados gozan de libertad de elección y dignidad al final de sus vidas. Los californianos deberían beneficiarse de los mismos derechos. Otorgar a los adultos mentalmente competentes, con enfermedades terminales, el poder de elección representa su decisión final en una vida bien vivida.

Estas condiciones no se aplican para todos, pero este derecho humano fundamental puede ponerse a disposición de los pacientes con enfermedades terminales que suplican les ayudan a morir, en lugar de una vida con un sufrimiento intolerable.

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