El volcán Paricutín y los braceros

La erupción del volcán Paricutín provocó la salida de miles de campesinos hacia Estados Unidos

La erupción del Paricutín hizo que cientos de personas decidieran emigrar a las ciudades o a Estados Unidos.

La erupción del Paricutín hizo que cientos de personas decidieran emigrar a las ciudades o a Estados Unidos. Crédito: Suministrada

A 71 años de la erupción:

La migración de mexicanos hacia Estados Unidos no sólo se da por factores sociales y políticos, o derivado del contexto económico (pobreza, desempleo, bajos salarios). En muchas ocasiones el éxodo también es incentivado por la irrupción de cambios ambientales, como diversos factores climáticos o siniestros naturales.

Así sucedió a principios de la década de los cuarenta en Michoacán, con la erupción del volcán Paricutín, la cual provocó la salida de miles de campesinos hacia Estados Unidos, donde trataron de buscar el sustento que, en su ahora inhabilitada tierra, no podía conseguir. En este año 2014, se conmemora el 71 aniversario de este desastre natural.

El nacimiento y erupción del volcán inició la tarde del 20 de febrero de 1943, en las cercanías del pueblo de San Salvador Paricutín, perteneciente al municipio de San Juan Parangaricutiro, muy cercano a Uruapan.

Esa tarde, “un estrecho agujero en el suelo se abrió repentinamente formando una grieta por la que se produjo una pequeña explosión. La siguió una emisión de vapor de agua y gases sulfurosos, y después salió una columna eruptiva de polvo fino y pequeñas rocas incandescentes” (Eulalia Ribera, revista BiCentenario. núm. 23). Se trataba del nacimiento de un volcán, a quien los mismos pobladores de la zona llamaron Paricutín. Tal fue la actividad volcánica, que en 24 horas alcanzó los seis metros de altura, y en nueve años de erupciones, fumarolas y vapores de agua llegó a más de 400 metros. Tal actividad intermitente continuó hasta 1952, cuando “lo hicieron llegar a los 410 metros sobre el campo de cultivo original”, dejando sepultados en la lava petrificada a los pueblos de San Salvador Paricutín y San Juan Parangaricutiro (de este último sólo quedaron visibles las torres de su iglesia). Después de 9 años la lava corrió unos 10 kilómetros, pero finalmente las emisiones del material fundido arrojado por el volcán, cesaron el 25 de febrero de 1952.

Pero los campesinos de la zona afrontaron los remanentes del siniestro desde los primeros meses. Puesto que la agricultura era una de las actividades económicas principales, al quedar inhabilitados muchos campos de cultivo, cientos de personas decidieron emigrar a las ciudades o a Estados Unidos. Un ejemplo de ello lo representaron cientos de campesinos de la comunidad de Villa de Chavinda, pues según atestiguan varios documentos, a raíz de la erupción entre 1943 y 1944, se vieron obligados a recurrir al presidente Manuel Ávila Camacho para que los apoyara en su contratación como braceros, pues muchas de las poblaciones y parcelas quedaron en mal estado por el siniestro. La carta que remitieron estaba firmada por más de 200 aspirantes que se encontraban imposibilitados de laborar en su región, aunque otras fuentes del Archivo General de la Nación en la Ciudad de México, señalan que fueron más de 3 mil los afectados con deseos de emigrar.

Sobre este tipo de peticiones cabe destacar que el presidente, por conducto de la Secretaría Particular de la Presidencia de la República, dio respuesta a varias de ellas, trascribiendo el contenido de las misivas y turnándolo a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, en donde según la disponibilidad de lugares, la respuesta era negativa o satisfactoria. Por ejemplo, dicha Secretaría manifestó que “no [había] lugares”, para los habitantes de Nahuatzen y Cherán, Michoacán, que habían dirigido una carta en febrero de 1944, pues, “por disposición de la superioridad”, estaba suspendida la contratación de campesinos de ese estado.

Lo cierto es que a partir de la erupción del volcán, cientos de campesinos de esta zona del país (que ya para estos años era de tradición migratoria) engrosaron las filas del Programa Bracero activo desde 1942 hasta 1964, o emigraron como indocumentados hacia Estados Unidos. Lo anterior no sólo cobra relevancia como dato histórico importante y en el contexto del 71 aniversario del nacimiento del volcán, sino además por que en esta zona de Michoacán aún existen miles de ex braceros (o familiares y descendientes de estos) que desde finales de años noventa se movilizan con objeto de lograr la restitución de los ahorros que en su momento les descontaron, y no les regresaron íntegros.

De hecho, fue en Puruándiro, Michoacán, un municipio no muy lejano al de San Juan Parangaricutiro, donde inició esta lucha social en 1998.

Sin duda, lo anterior sólo representa un ejemplo más de las miles de historias de migrantes de Michoacán, que fueron consolidando la tradición migratoria, y que hacen que hoy en día, la entidad purépecha sea una de las más activas en ello.

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