Iguala: #HastaEncontrarlos

Paulina Herrera escribe el blog "Desde nuestra comunidad"

Protesta por desapariciones en Iguala, Guerrero,  frente al Consulado de México en LA.

Protesta por desapariciones en Iguala, Guerrero, frente al Consulado de México en LA. Crédito: Paulina Herrera

Esta mañana, frente al consulado de México en Los Ángeles, un guardia de seguridad me cuestiona: ¿Viene con ellos? Y me apunta con la mirada hacia un grupo de personas que protestan ante la sede diplomática. Mi respuesta es no. Casualmente acudí al edificio de gobierno a realizar un trámite.

El cuestionamiento llama mi atención hacia el grupo de manifestantes que trajeron a mi mente los acontecimientos en Iguala, Guerrero, el 26 de septiembre pasado y aun cuando seguí de frente y no pude justificar la razón de la pregunta del guardia, mi pensamiento, mi corazón y casi hasta mi aliento, viajó miles de kilómetros hasta ese lugar enlutado por la sangre de estudiantes.

Pensé en las causas de las víctimas.

En las explicaciones de las autoridades.

En las excusas de los políticos.

En los pretextos de las fuerzas armadas.

Fue inútil encontrar una respuesta para mitigar el dolor, la impotencia y la frustración que me invadió y que sé que comparten otros colegas, familiares y amigos al enterarnos de los desgarradores acontecimientos. No encontré respuesta porque simplemente no la hay.

Nadie podrá documentar con certeza los acontecimiento de la noche del 26 de septiembre del 2014; en el estire y afloje de testigos, culpables y responsables, se diluye la objetividad.

A falta de razón absoluta, una realidad: el 26 de septiembre ya es tristemente célebre porque el 43 dejó de ser un simple número. Son dos dígitos que marcan un turbio capítulo en la historia de los derechos humanos en México, que, una vez más, ha sido exhibido ante el mundo como un ejemplo de violencia e impunidad civil.

Son 43 los estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, reportados como desaparecidos y que hasta la fecha, no hay indicio exacto de su paradero; el reporte de que 17 hayan sido “encontrados” sin vida en fosas comunes clandestinas, es una hipótesis tan vana y vulgar como tenebrosa y siniestra es la verdad que nos aguarda.

Y acá en Los Angeles, a la salida del consulado, al escuchar en un altavoz modesto las notas de “Vivan los Estudiantes” en la melancólica voz de Mercedes Sosa, -a manera de homenaje a los 43 desaparecidos- me di cuenta de que aquí también somos Guerrero. También nos afecta la noticia de que nuestros hijos, nuestro futuro, son agredidos de la manera mas brutal y espeluznante que se pueda pensar.

Y también caí en cuenta de que acá en California sabemos que las víctimas no son asesinos, no son contrabandista, tampoco secuestradores o violadores. Son estudiantes, futuros maestros. Revelándose -tal vez- al estigma de la tierra como sustento, pero apostando a la educación como cambio de vida.

Puede ser Juan, Pablo o Bernabé. Puede ser que sea mi hijo o el tuyo. De uno o de otro, son los herederos de un país con derechos humanos desquebrajados y un panorama turbio y desolador que merma cualquier lucha por una sociedad digna.

Ante un hecho tan indignante, yo no puedo callar, pero pasaré inadvertida si nuestra comunidad migrante no se une al grito de protesta y demanda de justicia que en todo México se ha levantado #HastaEncontrarlos.

Algunas organizaciones angelinas de migrantes, entre otras, que ya se han unido a este clamor son:

  • Comité Pro Democracia en México
  • Inmigrantes Unidos en Resistencia
  • Colectivo Insurgencia Femenina
  • Alerta Cali
  • Guernica Nunca Otra Vez
  • Colectivo Xochisoneros Los Angeles
  • Yo Soy #132 Los Angeles
  • Red de Respuesta Inmediata del Inland Empire
  • Tochili Izcalli

Esta mañana, frente al consulado de México en Los Ángeles, un guardia de seguridad me cuestiona: ¿Viene con ellos? Y me apunta con la mirada hacia un grupo de personas que protestan ante la sede diplomática. Mi respuesta es no. Casualmente acudí al edificio de gobierno a realizar un trámite.

El cuestionamiento llama mi atención hacia el grupo de manifestantes que trajeron a mi mente los acontecimientos en Iguala, Guerrero, el 26 de septiembre pasado y aun cuando seguí de frente y no pude justificar la razón de la pregunta del guardia, mi pensamiento, mi corazón y casi hasta mi aliento, viajó miles de kilómetros hasta ese lugar enlutado por la sangre de estudiantes.

Pensé en las causas de las víctimas.

En las explicaciones de las autoridades.

En las excusas de los políticos.

En los pretextos de las fuerzas armadas.

Fue inútil encontrar una respuesta para mitigar el dolor, la impotencia y la frustración que me invadió y que sé que comparten otros colegas, familiares y amigos al enterarnos de los desgarradores acontecimientos. No encontré respuesta porque simplemente no la hay.

Nadie podrá documentar con certeza los acontecimiento de la noche del 26 de septiembre del 2014; en el estire y afloje de testigos, culpables y responsables, se diluye la objetividad.

A falta de razón absoluta, una realidad: el 26 de septiembre ya es tristemente célebre porque el 43 dejó de ser un simple número. Son dos dígitos que marcan un turbio capítulo en la historia de los derechos humanos en México, que, una vez más, ha sido exhibido ante el mundo como un ejemplo de violencia e impunidad civil.

Son 43 los estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, reportados como desaparecidos y que hasta la fecha, no hay indicio exacto de su paradero; el reporte de que 17 hayan sido “encontrados” sin vida en fosas comunes clandestinas, es una hipótesis tan vana y vulgar como tenebrosa y siniestra es la verdad que nos aguarda.

Y acá en Los Angeles, a la salida del consulado, al escuchar en un altavoz modesto las notas de “Vivan los Estudiantes” en la melancólica voz de Mercedes Sosa, -a manera de homenaje a los 43 desaparecidos- me di cuenta de que aquí también somos Guerrero. También nos afecta la noticia de que nuestros hijos, nuestro futuro, son agredidos de la manera mas brutal y espeluznante que se pueda pensar.

Y también caí en cuenta de que acá en California sabemos que las víctimas no son asesinos, no son contrabandista, tampoco secuestradores o violadores. Son estudiantes, futuros maestros. Revelándose -tal vez- al estigma de la tierra como sustento, pero apostando a la educación como cambio de vida.

Puede ser Juan, Pablo o Bernabé. Puede ser que sea mi hijo o el tuyo. De uno o de otro, son los herederos de un país con derechos humanos desquebrajados y un panorama turbio y desolador que merma cualquier lucha por una sociedad digna.

Ante un hecho tan indignante, yo no puedo callar, pero pasaré inadvertida si nuestra comunidad migrante no se une al grito de protesta y demanda de justicia que en todo México se ha levantado #HastaEnconrarlos.

Algunas organizaciones angelinas de migrantes, entre otras, que ya se han unido a este clamor son:

Comité Pro Democracia en México

Inmigrantes Unidos en Resistencia

Colectivo Insurgencia Femenina

Alerta Cali

Guernica Nunca Otra Vez

Colectivo Xochisoneros Los Angeles

Yo Soy #132 Los Angeles

Red de Respuesta Inmediata del Inland Empire

Tochili Izcalli

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