Medio ambiente, factor de cohesión social
Raúl Estrada escribe el blog de Greenpeace La voz del planeta
La contaminación del aire no permite ver claramente los edificios en Teherán, la capital de Irán. Crédito: Archivo / EFE
Por Raúl Estrada, director de comunicación de Greenpeace en México
Asia, África, Europa, sur, centro o Norteamérica… ninguna región escapa a historias de contaminación de los recursos naturales que afectan a comunidades o ciudades enteras.
Cientos o miles de personas son obligadas a abandonar sus tierras porque no pueden enfrentarse al daño causado a la tierra, aire o agua, cuando una empresa o gobierno impone un proyecto de “mayor beneficio social” sin consultar a la gente: La falta de unión, la ausencia de documentos de identidad o el desconocimiento de los recursos legales al alcance, impiden hacer frente a los abusos, evitar el daño ambiental o que éste sea reparado por los responsables.
¿Exagero? No. En un medio ambiente destruido se gesta la desintegración de una familia, una comunidad o una sociedad. En un entorno donde se lucha diariamente por tener alimentos sanos, acceso al agua, aire limpio o un espacio seguro y saludable para vivir, es donde se gesta la pobreza, la marginación y la migración. Las presiones económicas para subsistir afectan a las familias y establecimientos locales, y cuando esta inestabilidad invade a una comunidad, tenemos ya una crisis política que avanza hasta trastocar una región, un país o cruzar las fronteras.
¿Ejemplos? Cientos de refinerías contaminan desde hace décadas y diariamente el aire, agua y tierra de cientos de ciudades del mundo, dejando generaciones enteras enfermas y calentando del planeta. Da igual si es por petróleo, carbón o gas, y claro, con el gas shale.
Las petroleras mundiales quieren explotar hidrocarburos en el Ártico, por Dinamarca, Rusia, Canadá o Estados Unidos, por donde sea, no importa acabar con los hielos milenarios en el extremo norte del planeta. Olvidan que en 2010 un vertido en aguas profundas del Golfo de México tardó meses en controlarse y aun vemos efectos del daño causado.
¿Y qué tiene que ver Greenpeace? Desde de los años 70 esos y otros han sido los casos de desastre ambiental que la organización ha expuesto ante la opinión pública, con testimonios ciudadanos y datos científicos, para que sea la sociedad la que exija el fin a esos abusos de gobiernos o empresas.
En los años 80 documento los efectos sociales por los impactos climáticos de sequías, huracanes e inundaciones y mostró su relación con los gases que calientan el planeta y que provienen del uso de carbón, gas o petróleo para obtener energía. ¿y la solución? Fuentes naturales como el sol, el viento, el vapor del subsuelo o pequeñas hidroeléctricas para cubrir las necesidades de energía de ciudadanía, gobierno e industria.
Hemos mostrado que la pérdida de bosques y selvas en todo el mundo también calienta el planeta. Deforestar para obtener toneladas de madera y celulosa o para la agricultura, ganadería o ampliar las ciudades está pasando alta factura a la humanidad. Recientemente exhibimos a varios países europeos que presumen la procedencia sustentable de la madera que cuesta la vida a comuneros locales por la tala ilegal en la Amazonia.
La sobreexplotación pesquera y la contaminación por vertidos químicos o nucleares están acabando con la biodiversidad de los océanos. La pesca es el sustento de muchas comunidades y países, pero es necesario establecer cuotas de captura, reglas y permitir la recuperación de los stocks de especies comerciales sin arrasar con la demás especies.
Greenpeace puso bajo la lupa a la industria de la moda por usa diversos ríos y cuencas del mundo para verter sustancias químicas altamente tóxicas que al contacto con el agua pueden tener nuevas combinaciones con efectos aún desconocidos. Esa misma agua la llega a miles de comunidades y se usa en la agricultura. ¿Quién controla que sea saludable?
En todas estas causas Greenpeace ha buscado que también participe la ciudadanía. Que sea la voz y acción de la gente la que permita reconstruir el medioambiente depredado y fortalecer el tejido social. ¿Cómo? Desde un cambio de hábitos, obtener más información y compartirla en las redes sociales, participando en actividades públicas, donando tiempo como voluntario o haciendo una aportación económica. El cómo es decisión de cada ciudadano, lo importante es dar un paso más por el bien común de nuestro planeta.