Editorial: Este castigo no es justicia

Rick Perry tiene el poder para detener la ejecución de un esquizofrénico
Editorial: Este castigo no es justicia
La inyección letal es el sistema más usado para realizar ejecuciones, pero ha mostrado fallas.
Foto: Archivo

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Scott Panetti es un residente de Texas que cometió un brutal asesinato al matar a sus exsuegros. Ni su larguísimo historial de esquizofrenia, ni un fallo a su favor de la Suprema Corte de Justicia parecen poder salvarlo de la muerte.

Panetti estuvo internado 12 veces por reacciones sicóticas en seis instituciones durante 14 años, desde que se detectó su enfermedad hasta los homicidios en 1992.

Durante su juicio Panetti se defendió a si mismo después de despedir a los abogados defensores asignados, por considerarlos parte de una conspiración para matarlo.

Sorprendió a todos que Panetti se haya vestido en el juicio con camisa de cowboy, vaqueros de cuero para montar, botas y un sombrero con un hilo para el cuello. La misma reacción seguramente recorrió el tribunal cuando ordenó citaciones judiciales para que testifiquen a su favor a John F. Kennedy y Jesucristo.

El jurado en cuatro horas decidió su muerte. El Quinto Tribunal de Apelaciones ratificó la condena, la Suprema Corte de Justicia rechazó la decisión. Se la envió de nuevo a Apelaciones que volvió a condenarlo y ahora Panetti será ejecutado el 3 de diciembre.

La ejecución de un esquizofrénico es una aberración prohibida por la Octava Enmienda de la Constitución.

Hay casos de acusados similares en otros estados, como en Tennessee, en donde Richard Taylor se defendió con anteojos de sol para mantener alejadas las voces de la policía, o en Carolina del Norte, donde Guy Le Grande hizo de su defensor vestido con una playera de Superman. Ellos, como Panetti, fueron condenados a muerte y, a diferencia de él, esa condena fue suspendida por demencia.

La suerte de Panetti, quien ahora cree que es ejecutado por Satanás a través del Estado de Texas por su predicación del Evangelio, está prácticamente en manos del gobernador Rick Perry.

Esperamos que él no caiga en la tentación de sus predecesores, también con sueños presidenciales como él, de ratificar ejecuciones cuestionables para mostrar una falsa firmeza de carácter.

Este es otro ejemplo, de tantos, de por qué la pena de muerte es un castigo inadecuado. En este caso, ni el jurado ni los tribunales están deteniendo la ejecución, dejándola en manos de las ambiciones de un político. Esto de justicia no tiene nada.