Suenan alarmas en el Hospital Presbyterian del Alto Manhattan

Falta de camas y personal médico, así como hacinamiento son algunos de los problemas

Suenan alarmas en el Hospital Presbyterian del Alto Manhattan
Personal del hospital dijo que, en 2012, se inició una expansión en el servicio de emergencia para adultos.
Foto: Mariela Lombard / EDLP
NUEVA YORK – Largas horas de espera, hacinamiento, falta de camas así como de personal médico son sólo algunas de las anomalías a las que tiene que enfrentarse una persona cuando acude a la sala de emergencia del hospital New York Presbyterian en Manhattan, según se conoció ayer durante una audiencia pública.
Graciela Martínez tuvo que esperar más de 25 horas en la sala de emergencia, el 27 de junio del año pasado antes de que su madre, Azucena de Martínez, de 100 años, fuera atendida en el mencionado hospital. “Fueron días de horror”, describió la mujer, que relató cómo su progenitora falleció 20 días después de ser hospitalizada.
“Le suministraron morfina sin mi consentimiento y no me permitieron trasladarla a otro hospital”, narró Martínez durante su testimonio en la audiencia pública organizada por el senador estatal Adriano Espaillat.
“Las condiciones de la sala de emergencia del Presbyterian son deplorables, terribles y son similares a las de un país pobre del tercer mundo”, describió el legislador, que recalcó que se debe reconocer que el tratamiento que se ofrece en el New York Presbyterian se ha convertido en una historia de “dos hospitales”.
De acuerdo con el representante por el Alto Manhattan, “la sala de emergencias, a la que acude nuestra gente está abarrotada de pacientes, con tiempo de espera que excede el doble del promedio nacional y la falta de áreas privadas obligando a los pacientes a discutir su historial médico en áreas públicas”.
Carmen Pérez fue la semana pasada al hospital para que atendieran a su hija y tuvo que esperar por más de nueve horas antes de recibir atención médica. No es una historia nueva, “voy hace cerca de 20 años y siempre es lo mismo”, se quejó la mujer que en más de una ocasión, asegura, se ha cansado de esperar y se ha tenido que ir a otro hospital.
Marisol Alcántara, miembro de la Asociación de Enfermeras de Nueva York, calificó de “inaudito” el hecho que en la sala de emergencias funcionen dos sistemas. “Uno para la gente pobre, donde no hay privacidad para discutir sus dolencias, o los pacientes son atendidos en los pasillos. Mientras que el otro, es para gente de dinero, que cuenta con una sala de espera lujosa, cómodas sillas y comen a la carta”
En un comunicado, el hospital se defendió de las acusaciones. “Cada paciente que acude a un centro de New York-Presbyterian recibe la misma alta calidad y cuidado compasivo de nuestro dedicado personal”.
Asimismo, en la misiva se asegura que, en 2012, se inició una expansión de $100 millones en el servicio de emergencia para adultos, en respuesta a la creciente demanda. Una vez completado en 2017, el nuevo departamento comprenderá 45 mil pies cuadrados, el doble del tamaño actual, que estará equipado con 88 lugares de tratamiento que duplicará la capacidad actual.
“La falta de personal de enfermeras es el problema más grave. La realidad simple y dura es que hay demasiados pacientes por cada enfermera para cuidar”, testificó Anthony Ciampa, enfermero que trabaja en el Presbyterian desde hace casi 10 años, en el área de cardiología
Luego de la audiencia, en la que testificaron más de 30 personas, el senador Espaillat, aseguró que se propone llevar los testimonios al Departamento de Salud del estado para que se investiguen y se corrijan las anomalías
El Contralor Municipal, Scott Stringer, se mostró esperanzado en que la expansión prevista en el servicio de emergencia del Presbyterian ayude a solucionar el problema actual, pero añadió que hay que hacer más por éste y otros hospitales.
“Necesitamos un enfoque integral para reducir los tiempos de espera que se centre en proveer opciones de servicio adicionales para nuestras comunidades”, sostuvo Stringer. “Además de preservar las capacidades existentes de nuestros hospitales en los cinco condados”.

El Presbyterian no es el único hospital de Nueva York que tiene problemas para atender a los pacientes que acuden a la sala de emergencia. Esto se debe a que la delicada situación económica que atraviesan varios de ellos les está obligando a recortar servicios o directamente a cerrar, lo que a su vez provoca que se incrementen considerablemente las visitas a los centros que continúan abiertos.
Los pacientes que acudieron el año pasado al hospital Interfaith, en Bedford – Stuyvesant (Brooklyn), tuvieron que esperar un promedio de dos horas antes de ser atendidos, cuatro veces por encima de la media nacional, según datos estatales.
Este hospital es uno de los que estuvo a punto de cerrar este año en Brooklyn tras declararse en bancarrota, aunque una inyección de $500 millones, procedente de un fondo federal en mayo, lo salvó finalmente de cerrar sus puertas y que los 250,000 pacientes que atiende tuvieran que buscar otro centro.
Peor suerte corrió el hospital Long Island College, en Cobble Hill, que tuvo que cerrar a finales de mayo por su situación económica. La State University of New York (SUNY), propietaria del hospital, llegó a un acuerdo en octubre para vender el edificio y el terreno a una inmobiliaria por $240 millones, que accedió a que se siga utilizando parte para servicios de salud.
El centro médico Langone de la New York University ha tomado ya el control de las operaciones médicas y ha reabierto una sala de emergencia, pero el Long Island College no volverá a operar como un hospital a plena capacidad.
Brooklyn es el condado más afectado por la pérdida de camas hospitalarias. En 1980, el condado contaba con 26 hospitales, y ahora sólo tiene 15. Ello ha provocado que ahora tenga una tasa de 2.3 camas hospitalarias por cada 1,000 habitantes, bastante por debajo de la media estatal (3.1) y de la de Manhattan (4.7).
Desde 1990, más de 50 hospitales han cerrado o han sido reconvertidos en centros médicos de menor capacidad en el estado. Aproximadamente, la mitad de ellos estaba en la ciudad, que aún así todavía mantiene una tasa de camas hospitalarias superior a la media nacional (3 por cada 1,000 habitantes frente a 2.6)

Marisol Alcántara, miembro de la Asociación de Enfermeras de Nueva York, calificó de “inaudito” el hecho que en la sala de emergencia funcionen dos sistemas: uno para la gente pobre, con pacientes atendidos en los pasillos, sin privacidad para discutir sus dolencias; y otro para la gente de dinero que cuenta con una sala de espera lujosa con cómodas sillas y hasta donde se come a la carta.