Una navidad garífuna muy especial en NYC
Catrachos celebran fiesta adelantada con una cena entre feligreses
@JoaquinBotero
Una familia hondureña adelantó a la cena de Navidad que antes nunca había podido tener junta. Catalina Martínez (53) llegó hace 15 años de Tela en el departamento de Atlántida. La hija Carolina Suazo (32) que dejó adolecente ahora tiene 32 y dos hijos de 9 y 14. Acá encontró a su hermano de 13, tío de los otros dos. La vivienda se llenó de ruido y esperanza para estos miembros de la comunidad Garífuna.
La convergencia entre las Caridades Católicas, la Iglesia Evangélica Garífuna y la Iglesia Menonita hicieron posible una cena de Navidad para alrededor de 200 inmigrantes llegados este año. Familias e individuos que cruzaron la frontera y en ocasiones fueron detenidos y rastreados con los grilletes de seguridad. Algunos habían dejado su tierra después de sufrir la violencia y la desatención del estado. Ahora han encontrado una mano amiga.
La abuela sostiene a la familia con su trabajo como acompañante de ancianos. “Tenemos que luchar, seguir adelante siempre”. Su hija realiza trabajos ocasionales. “Me siento segura con los hijos, vivíamos en medio de mucha inseguridad”.
Llegaron con frío las familias a Abraham House en Mott Haven. Se abrazaban y eran recibidos con afecto por los voluntarios y los líderes religiosos. Pernil, pollo, arroz con gandules, pasta, ensalada y postre estaban listos para servirse. Y al final una bolsa de víveres de productos Goya y juguetes para los niños.
Pocas palabras antes de la cena. El padre católico Eric Cruz (50) agradeció a los voluntarios que vinieron de toda la ciudad. Luego se dirigió a los invitados: “Queremos que ustedes sepan que no están solos. Queremos caminar con ustedes y ayudarlos lo más posible”, dijo el puertorriqueño.
La mayoría de los recién llegados se encuentran en el South Bronx, aunque también en Brooklyn y Queens. Se alojan donde familiares, en refugios de la ciudad y algunos se han unido y encontrado apartamentos. Se ganan la vida en limpieza, cuidado de niños o en lo que resulte.
El padre Cruz cuenta que les han dado servicios sociales, tratamiento médico, ubicación y ayuda legal. Por ser recién llegados no caben en el alivio migratorio anunciado por el presidente Barack Obama. “Están reconociendo esta nueva tierra. Están positivos y entusiasmados por los años por venir”.
Carla Roches (38), nativa de Limón, Colón, vino con sus hijas de 13 y 14, pero los hijos varones de 17 y 19 los tuvo que dejar porque no tuvo recursos para traerlos a todos. Agradece la generosidad recibida, algo nuevo en su vida. Viven en Hunts Point. “Nos dan comida, ropa y educación gratis. Poco a poco aprendemos inglés. Pero nos ha dado muy duro el frío”.
A su hija Deyni Santos (13) le gusta la diversidad racial de la ciudad. “Me gusta ir a clases y los sábados a refuerzos de matemáticas e inglés”.
El diácono católico Luis Velásquez (57) dice que su papel ha sido buscar ayuda y canalizarla. “Mi primera lucha fue que les quitaran los grilletes a las mujeres”.
“Trabajamos duro para que resulte algún alivio adicional como refugiados políticos. Si algunos deben regresar, esperamos que el gobierno hondureño pueda ayudarlos”.Yorvi Mejía (18) llegó solo hace siete meses. Vive con un tío. Está en proceso de nivelación, para terminar el bachillerato. Le gusta ir a la escuela y a la iglesia. La comida de acá que más le gusta es la pizza. “Extraño a mis padres y hermanos. Vine con un tío pero lo deportaron. En momentos así como esta cena me gusta el ambiente familiar”







