Editorial: Hollywood se autocensura

La decisión de Sony limita los derechos de todos, peligroso precedente

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@LaOpinionLA

Hollywood claudica ante la dictadura de Corea del Norte. Los hackers presuntos aliados de la dictadura de Kim Jogn-un han conseguido poner a Sony y a Hollywood de rodillas.

La Entrevista, una de las películas estrella para la temporada de Navidad y Fin de Año no llegará a los cines. La ciberguerra denunciada por el presidente Obama ha ganado su primera batalla contra uno de los símbolos de la sociedad del entretenimiento. La autocensura de Sony y de Hollywood es una derrota para los derechos de todos y surgen muchas dudas para el futuro: ¿serán capaces dictadores, terroristas y hackers de imponernos qué vemos, escuchamos o compartimos?

Mucho se ha dicho sobre el ataque cibernético a la empresa cinematográfica Sony, quien ha decidido suspender el estreno —programada para esta Navidad― de la comedia sátira sobre un exitoso atentado mortal contra el líder norcoreano, Kim Jogn-un. El hecho que el estreno haya sido suspendido sin una alternativa de distribución, ya sea por internet o pago-por-evento, deja un sabor amargo por la presión externa sobre una forma de expresión y la autocensura.

Ya es conocida la paranoia con que se maneja el régimen autocrático de Corea del Norte y el extremo culto a a la personalidad a la figura del “Gran Líder”. Esta molestia aparentemente condujo a una hábil estrategia que puso de rodillos el establishment cinematográfico estadounidense.

Primero los piratas cibernéticos obtuvieron toneladas de información de Sony, el cual fueron soltando selectivamente para causar daños específicos. Por ejemplo, avergonzar a altos ejecutivos dando a conocer e-mails que causan un escándalo por su contenido despectivo. Más tarde, los agresores dicen que habrá otro 9/11 en los cines si la película se estrena. Las cadenas distribuidoras de películas, temerosas de que la amenaza merme la atención del público, deciden no proyectarla, lo que lleva a Sony a cancelar el estreno.

Esta es la victoria del terrorismo. Crear un miedo tal que hace que la gente cambie su conducta normal. Castigados a no reírnos, el objetivo que siempre han impuesto los dictadores desde la comedia griega hasta la proscripción de los humoristas en tiempos modernos.

En este caso es el temor a la vergüenza y a las demandas judiciales ―por la violación de privacidad de sus empleados― similar a la que está pasando Sony. Como el temor de los cines a perder dinero o a que algún loco haga una locura como ya ocurrió una vez.

La suspensión de La Entrevista crea un peligroso precedente que puede ser repetido por cualquier opositor a una película y obra. Para no ser derrotados hay que reforzar la seguridad cibernetica de la empresa privada y tener en claro que el cine es libertad de expresión y, como tal, no debe caer al peor tipo de supresión: la autocensura. Imaginen si Chaplin no hubiera rodado ‘El Gran Dictador’. Los derechos de todos necesitan más garantías y algo más del coraje que a Hollywood ―siempre tan pendiente de sus intereses― le ha faltado, como los mismos productores y actores de la cinta han denunciado.


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