Personaje del año en Sudamérica: Pepe Mujica

El uruguayo fue un símbolo moral de América

El presidente uruguayo, José “Pepe” Mujica, descuenta los días que le faltan hasta marzo, cuando ceda el gobierno de su país a su correligionario Tabaré Vázquez. No perderá un solo día, a punto de cumplir los 80 años, para “darse una vueltita por esta América tan injusta y tan rica”, desplegando las enseñanzas éticas que le han convertido en un político tan insólito como inimitable.

Su envergadura moral, tras cinco años al frente de la nación charrúa, le ha elevado al territorio exclusivo de los grandes mandatarios que dejan huella en la Historia. Respetado en medio mundo por su sentido común y con enormes índices de popularidad, el ateo Mujica coincide en fondo y forma con otro de los grandes latinoamericanos del siglo XXI: el Papa Francisco. Ambos comparten las ideas claras y sencillas, el estoicismo, la austeridad y la cercanía con los menos afortunados, tan citados como olvidados por los más poderosos.

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“Uno de los problemas más graves que tiene la política contemporánea es que frecuentemente quienes están en los gobiernos se alejan demasiado de la forma de vivir de las grandes mayorías. Quienes son elegidos para un gobierno son funcionarios en tránsito. No son reyes, no son sangre azul”, argumenta el exguerrillero en el testamento político que viene desplegando en los últimos meses.

Sin acritud, sin prepotencia, sin moralina, pero señalando tanto a los antiguos aliados de la izquierda suramericana como a sus propios adversarios políticos. América pierde un presidente excepcional, pero gana un símbolo moral para las próximas generaciones.