La violenta cancha que quiere dominar Cuauhtémoc Blanco

El futbolista mexicano quiere ser alcalde de Cuernavaca
La violenta cancha que quiere dominar Cuauhtémoc Blanco
Cuauhtémoc Blanco quiere pasar de la cancha a la política.
Foto: EFE

Ciudad de México – El multigalardonado y popular futbolista Cuauhtémoc Blanco quiere dejar las canchas de fútbol para tomar la delantera como precandidato a la presidencia de la ciudad de Cuernavaca, una de las más violentas del país, dominada por narcotraficantes que desde hace al menos una década se pasan el balón de la inseguridad.

“Tengo los pantalones bien puestos”, dijo Blanco al registrarse como aspirante del Partido Social Demócrata en la ciudad donde en un solo mes pueden ocurrir hasta 81 asesinatos relacionados al crimen organizado y 4,000 robos, un secuestro y dos extorsiones cada tres días.

Desde finales de la década pasada, los vacacionistas de fin de semana que recorrían 90 kilómetros desde el Distrito Federal para descansar en Cuernavaca -que se promovía como la “Ciudad de la Eterna Primavera” por tener “el mejor clima del país”-, comenzaron a huir.

Vendieron o abandonaron las casas que habían adquirido con créditos y dejaron a su suerte a la entidad rebautizada como la “Ciudad de la Eterna Balacera”, donde los grandes cárteles como el de Sinaloa, el Golfo, los Zetas y el de Juárez hacían sus cónclaves y negociaciones a unos cuantos pasos de uno de los cuarteles del Ejército.

Cuernavaca, capital del estado de Morelos, inició así una triste fama con residencias repletas de droga y armas en lugar de turistas. Allí se hicieron sicarios algunos niños como “El Ponchis”, el gatillero más joven del país capturado a los 14 años cuando llevaba en su récord la tortura y el asesinato de cuatro personas.

Hasta Cuernavaca llegó la Marina en 2009 para abatir a Héctor Beltrán Leyva, líder del cártel homónimo que se asentó en la ciudad para forjar su imperio de muerte y trasiego de droga desde Acapulco (ubicado a 200 kilómetros) hasta la capital mexicana.

Tras la muerte del capo y la captura de su brazo derecho, el temido Edgar Valdez “La Barbie”, los mandos bajos tomaron el control y atizaron la violencia, las decapitaciones, las ejecuciones en restaurantes, bares y calles con sus nuevas firmas: “Los Rojos” y “Guerreros Unidos”.

El gobierno no agarró a los líderes de estas bandas hasta que acusó a Guerreros Unidos de la desaparición y muerte de los 43 estudiantes en Ayotzinapa, el 26 de septiembre pasado. Fue por ellos a Cuernavaca, el próximo reto de Cuauhtémoc Blanco, que con 43 años, acepta que “no es político”, pero “tiene ganas”, “viene desde abajo” y “se esfuerza”.