Niños sin religión

Cada vez más familias prefieren educar a sus hijos de manera secular
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Niños sin religión
Numerosos estudios comprobaron que los niños educados sin religión muestran los mismos sentimientos de compasión y empatía, y tienen tantos valores morales y éticos,como aquellos con una afiliación religiosa.
Foto: Shutterstock

Tarde o temprano, llega un momento en que los niños se acercan a sus padres con preguntas trascendentales. “¿De dónde venimos? ¿Dónde vamos al morir?”

Las madres y padres más creyentes ofrecen respuestas basadas en sus creencias religiosas. Pero cuando se trata de padres ateos, agnósticos, o no practicantes, no siempre saben cómo responder.

¿Es necesario enseñarles religión a los niños? ¿Es malo para los niños crecer sin una creencia en particular?

Para Sylvia Acevedo, residente de Van Nuys, California, y madre de tres niños, enseñarles religión a sus hijos siempre fue una prioridad.

“Todos en mi familia creemos en Dios. A los niños los bautizamos y les enseñamos a orar. Los padres tenemos que transmitir nuestra religión a nuestros hijos”, aseguró. Según Acevedo, la educación religiosa es importante porque provee valores morales a los niños, que de otro modo no tendrían.

Sin embargo, la tendencia de los últimos años de educar a los hijos sin una religión en particular ha ido en aumento.

Según un estudio del Centro de investigación Pew, un quinto de la población en EEUU dice no creer en nada en particular. El 11% de aquellos nacidos después de 1970, creció en hogares laicos o seculares, y más del 30% de adultos de entre 18 y 29 años, también conocidos como millennials, se identifica como ateo o agnóstico.

¿Es posible inculcar valores morales a los niños sin tener que recurrir a enseñanzas religiosas?

Vern Bengston, profesor de sociología de la Universidad del Sur de California asegura que sí.

Durante los últimos 40 años, Bengston, quien proviene de una familia religiosa y cuyo padre fue un pastor cristiano, investigó la influencia de padres y abuelos en la fe de los niños y publicó los resultados en su libro “Familias y fe” (Oxford Unitversity Press). Su investigación intergeneracional se ha convertido en el mayor estudio de religión y familias en los EEUU.

Bengston encontró que las familias no religiosas inculcaban a sus hijos sólidos valores morales y éticos, y mostraban sentimientos de solidaridad y compasión, independientemente de creencias religiosas, o ausencia de estas.

El estudio también reveló que los abuelos tenían una gran influencia en la fe de los niños. Cuatro de cada 10 niños dijeron tener la misma religión de sus abuelos.

La investigación encontró que, tanto en las familias religiosas como en las seculares, los niños y jóvenes seguían los pasos de los padres y adoptaban sus creencias.

“Mucha gente asume que la religión es lo que mantiene la moralidad, que una sociedad sin un Dios, sería un infierno, pero no es así”, indicó Phil Zuckerman, profesor de sociología y estudios seculares del colegio Pitzer y autor de libros sobre el tema.

Para observar en la práctica cómo sería una sociedad laica, Zucherman estudió a los residentes de Dinamarca y Suecia, países considerados como los menos religiosos del mundo. Ambas naciones son conocidas por el alto índice de felicidad de sus habitantes, y su bajo porcentaje de criminalidad.

“La conexión entre religión y sociedad es compleja”, senaló Zucherman, y dijo que no se puede asegurar si la secularidad o, por el contrario, la religiosidad de una sociedad tiene un efecto positivo o negativo en la comunidad. Pero basado en su investigación, aseguró que sí es posible inculcar valores morales en los niños sin tener que recurrir a conceptos como el pecado o el miedo a Dios.

“La moralidad secular está basada en la Regla de Oro: ‘Trata a los otros como querrías que te traten a ti’”, señaló Zucherman.

El autor indicó que la racionalidad para resolver problemas, el sentimiento de empatía hacia los demás, la independencia de pensamiento, la aceptación de la inevitabilidad de la muerte y la ausencia de castigo corporal, entre otros, son los elementos que contribuyen al desarrollo moral de los niños de familias no religiosas.