El monstruo de su propia creación
Republicanos: Un liderazgo débil al que un grupito de extremistas maneja para bloquear las acciones ejecutivas
El más reciente espectáculo de la mayoría republicana en el Congreso, especialmente en la Cámara Baja, en torno al presupuesto del Departamento de Seguridad Interna (DHS), vuelve a resaltar cómo el sector más extremista de ese partido, el que actúa irracionalmente a la sola mención de la palabra “inmigración”, lleva la voz cantante en el Partido Republicano.
El papelón que hicieron el líder de la Mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, y el presidente de la Cámara Baja, John Boehner, en el manejo de la votación del presupuesto del DHS, evidencia un liderazgo débil al que un grupito de extremistas maneja como un títere empeñado en bloquear las acciones ejecutivas migratorias anunciadas por el presidente Barack Obama en noviembre de 2014.
A este sector extremista ni siquiera lo calma el hecho de que un juez federal bloqueó esas acciones ejecutivas y que el caso está en apelaciones en los tribunales. Peor aún, si no hubiera resolución en los próximos siete días y el DHS cerrara, las acciones ejecutivas no se verían afectadas, porque al presente están bloqueadas, y aunque no lo estuvieran y pudieran implementarse, se financian con las cuotas de inscripción que pagarían los inmigrantes y no con fondos asignados por el Congreso.
Irónicamente, entre los sectores afectados estaría la Patrulla Fronteriza. Aunque un 90% de esos empleados tendrían que seguir trabajando durante un cierre de la agencia, no recibirían pago.
Otra ironía: el cierre del DHS afectaría el programa E-Verify que verifica electrónicamente si alguien está autorizado o no para trabajar en este país.
El Senado aprobó un plan de gastos del DHS libre del lenguaje contra las acciones ejecutivas tras un acuerdo republicano para impulsar un proyecto de ley de la senadora republicana de Maine, Susan Collins, en contra de las acciones ejecutivas migratorias giradas en 2014.
La Cámara Baja aprobó una extensión de siete días al presupuesto del DHS tras una tumultuosa sesión, pero el tema central sigue sin resolverse: el lenguaje sobre las acciones ejecutivas migratorias. Boehner enfrenta al llamado Caucus de la Libertad, integrado por una treintena de ultraconservadores, que junto a otros, han jurado dirigir al caucus republicano a la derecha de la derecha.
A esto se suma el espectáculo de figuras republicanas fuera del Congreso que atacan cualquier vestigio de razón en el tema migratorio.
Y esa ha sido, es y seguirá siendo la pregunta de los 64 mil para los republicanos en el Congreso, fuera del Congreso y los que aspirarán a la nominación presidencial en 2016: ¿qué proponen hacer con los 11 millones de indocumentados con lazos en este país, con hijos ciudadanos y residentes permanentes, con vidas establecidas y que al momento son mano de obra necesaria en diversas industrias? ¿Los van a deportar en masa? Si las acciones ejecutivas proceden y en 2016 es electo un republicano, ¿las revocará?
El Partido Republicano ha apaciguado a su sector intolerante permitiendo que maneje su discurso y sus acciones en materia migratoria, lo que está salpicando otras áreas, y tras sus triunfos electorales de 2014 ha sido incapaz de mostrar su capacidad de gobernar efectivamente. El monstruo de su propia creación se sale de control