“Cuando llamé feo a Chávez”

Rescatamos un extracto del libro de Jorge Viera “De todo menos perfecto” en el que relata su encuentro con Hugo Chávez
“Cuando llamé feo a Chávez”
Jorge Viera con su libro "De todo menos perfecto".
Foto: Cortesía

Mi hermano mayor trabajaba en la agencia de publicidad que colaboraba con la primera gobernadora de Puerto Rico, Sila Calderón. Fue él quien me facilitó una entrevista con Hugo Chávez, que iba a asistir a la toma de posesión de Calderón en enero de 2001.

Al llegar Chávez a San Juan, mi hermano le dijo a su responsable de prensa que yo era de la televisión de Puerto Rico, y no que venía de Miami, porque él con Miami no hablaba por lo que representaba: Estados Unidos y la resistencia al castrismo.

Cuando finalmente nos presentamos para la entrevista, Chávez entró en la habitación repitiendo en voz alta mi apellido, como intentando mostrar a todo el mundo que él lo sabía todo, y me agarró la mano. Parecía que no me la iba a soltar nunca: no dejaba de estrechármela y moverla arriba y abajo, mostrando de nuevo que no quería que nada se escapara a su control. Sentí que pretendía minimizarme psicológicamente: como que yo no era igual, sino un tonto que venía a hacerle preguntas y que tenía que darle las gracias por su tiempo al presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

Este es el tipo de cosas que hacen este tipo de líderes y para enfrentarse a ellos como periodista hay que estar bien preparado. No me refiero a preparación intelectual, sino psicológica: tienen mucha experiencia, han visto muchas cosas, y la experiencia es un arma mortal.

– Viera. ¿De dónde tú eres, chico? – me preguntó, aún sin dejarme la mano.

– De Puerto Rico. Pero vivo en Estados Unidos.

– Nacido en San Juan.

– Guaynabo.

– ¿Cómo se llama?

– Guaynabo.

– Guaynabo. Guaynabo. Eso es indígena, ese nombre. Tú eres indio. Tú eres más indio que yo.

– Yo soy taíno – y ahí ya me harté. Un poco, sólo un poco, pero lo suficiente.

Tenía delante de mí a un hombre ordinario, que estaba empeñado en dominarme, en controlarme. Y claro, no sé si es un vicio o una virtud, pero a mí resulta muy difícil controlarme, así que salí por donde no se esperaba. Primero le solté la mano y me alejé, como queriendo ponerme fuera de su órbita. Y luego añadí:

– Pero el indio de Puerto Rico es bien bonito.

Se quedó callado apenas un segundo, pero por el cambio en su cara me di cuenta de que había entendido perfectamente que le acababa de llamar feo.

– No me hables tan golpeado – me dijo, volviendo a la falsa sonrisa y al fingido compadreo.

La entrevista empezó mal y terminó mal.

Aquí puedes conseguir el libro “De todo menos perfecto” de Jorge Viera.

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