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Nuestra responsabilidad

Cuando mi hijo hace algo que no debe, le miro y le pregunto si acepta la responsabilidad.  Me dice “sí, mamá, acepto la responsabilidad”.

Cuando un policía le pega un tiro a un afronorteamericano o a un latino que no porta armas, hemos aprendido que  asignar la responsabilidad toma tiempo.  Aún cuando se determina que el oficial tiene la responsabilidad, hay más preguntas.  ¿Acaso ha existido un patrón de racismo y violencia excesiva en aquella corporación policial?  ¿Tal vez la capacitación de los oficiales era de baja calidad?

Pero cuando cientos de hombres, mujeres y niños hondureños resultan mutilados mientras que viajan encima de “La Bestia” en un intento desesperado para reunificarse con sus familias en los Estados, asignar la responsabilidad es un poco más complejo.

Muchos de estos hondureños se han agrupado en la mera frontera entre México y los Estados Unidos con el fin de llamar la atención pública a su situación.  Y todavía buscan reunificarse con sus familias en los Estados Unidos.

¿Quiénes son las personas responsables para sus heridas? Podemos echar la culpa a las autoridades en México por no haberles brindado protección en su viaje por el país, y por lo menos en mi mente, no cabe duda que ellos llevan una parte de la responsabilidad.  También podemos echar la culpa a las autoridades hondureñas por las condiciones de pobreza y violencia que motivan a tantas mujeres y tantos hombres en su decisión de optar por el viaje hacia el norte.  Por cierto, aquel gobierno tiene una parte de la responsabilidad.  Y hay quienes les culpan a los mismos migrantes:  “ellos mismos tienen la responsabilidad por haber tomado tantos riesgos”.

Pero cuando se busca asignar la responsabilidad rara vez se menciona a los Estados Unidos.  La negativa de reconocer el papel del gobierno estadounidense ha sido un obstáculo grande en nuestra lucha para parar las deportaciones y actualmente para permitir el regreso de integrantes deportados de nuestras familias.

El mito de que los indocumentados vinieron a este país “buscando el sueño americano”  ha escondido la verdad sobre políticas estadounidenses que han producido una migración forzada.

Pero no es demasiado tarde cambiar esta situación. Además, las millones de personas que han migrado desde México y América Central y actualmente viven en los Estados Unidos conocemos muy bien las condiciones que nos obligaron a tomar el camino hacia el norte, y muchos entendemos perfectamente bien cuál fue el papel del gobierno de los Estados Unidos en fomentar la pobreza y la violencia en sus países de origen.

Jamás podremos resolver “la crisis migratoria” si no actuamos sobre las políticas tanto del gobierno estadounidense como las corporaciones en América Latina.

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