Editorial: Menos gente en la cárcel

El propio presidente Bill Clinton, el hombre que firmó la ley de 1994 que ha multiplicado la gente encarcelada, ha reconocido el fracaso de la medida.

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​Es hora de cambiar el sistema de justicia y evitar la encarcelación masiva de personas con pequeños delitos. Pero también de evitar que pequeñas faltas y delitos menores atrapen a tanta gente en prisión o en la cárcel de las fianzas que nunca se pueden pagar. La sociedad no gana con más gente en prisión que sale peor de lo que entró y con menores posibilidades de reinserción en la sociedad.

La visita del presidente Obama a una cárcel federal, la primera en la historia, y su decisión de reformar la justicia va en el buen camino para evitar que siga aumentando el desproporcionado número de 1.5 millones de personas tras las rejas. Las tasa de encarcelación más alta del mundo: 724 por cada 100,000 habitantes, ​sólo ​seguidos ​a distancia ​por Rusia con 581.​Para muchos la encarcelación inicia un círculo vicioso de embrutecimiento y reincidencia. Al salir de un ciclo de prisión carecen de los elementos para convertirse en personas de bien, trabajadores y hombres de familia y caen una vez más en el encierro y la violencia.
El propio presidente Bill Clinton, el hombre que firmó la ley de 1994 que ha multiplicado la gente encarcelada, ha reconocido el fracaso de la medida.
Décadas de demagogia ​han llevado a que muchos delitos no violentos ​se castiguen con sentencias obligatorias de prisión, privando al Poder Judicial de su autoridad para ejercer justicia proporcional al crimen.
​El ​sistema carcelario nacional se ha ​convertido en los últimos años en ​un ​gigantesco monopolio privado y en un sistema público que cuesta miles de millones de dólares. Para el contribuyente el costo anual de cada preso es de 38,000 dólares a nivel nacional, 47,000 en California y 167,000 dólares en Nueva York.
Sumas mucho menores, invertidas en reformas educativas y económicas, ​reducirían la población carcelaria​, evitarían la reincidencia y crearían​ esperanza para centenares de miles de familias. Por eso, es urgente reducir en todo el país las penas por delitos no violentos​.​
La ciudad de Nueva York ha establecido un fondo para pagar las fianzas de aquellos acusados de delitos menores hasta $2,000 y está revisando la persecución y penalización de pequeñas faltas y delitos.​
En California, los votantes aprobaron en noviembre pasado la Proposición 47 para reducir la sobrepoblación carcelaria reclasificando crímenes no violentos ni serios de delitos graves (felony) a leves (misdemeanor).
Más gente en la cárcel no es la solución. Educación, trabajo y ayuda social son mucho más beneficiosas para reducir el crimen y construir un futuro más justo y seguro para todos.