Disfrutando en su salsa
Los mexicanos Vitali y Lorena Meschoulam crearon La Fundidora, una marca de salsas para condimentar
Vitali Meschoulam es un hombre creativo e inquieto. Mexicano de 40 años, Meschoulam trabaja en el mundo de las finanzas pero sus intereses pasan por las relaciones internacionales, la economía, el cine, la cocina… De hecho estudió en el Instituto Culinario Francés de Nueva York. Y le ocurrió algo curioso, según cuenta su esposa, la también mexicana Lorena Meschoulam. “Él solía preparar platos muy complicados y ricos para invitados pero lo que más gustaba a todo el mundo no eran las carnes o los pescados sino las salsas que él hacía y con las que condimentaba”.
La cocina, que era un hobby, fue el lanzamiento de la empresa de esta pareja, La Fundidora, una joven compañía que prepara y comercializa salsas mexicanas artesanales sin químicos, 100% natural, vegan, y sin gluten.
Vitali Merchoulam empezó a hacer salsas los fines de semana “durante horas y horas”, recuerda, para hacer frascos que vendían a pequeñas tiendas gourmet de su vecindario en Williamsburg (Brooklyn). A finales de 2012 decidieron crear la empresa y en mayo del siguiente año ya tenían el primer lote. Lorena Meschoulam, de 30 años y licenciada en matemáticas, es la presidenta de esta compañía por la que dejó su trabajo en un banco de inversión, una decisión de la que habla con una amplia sonrisa. “Estaba cansada de las finanzas”. Ella explica que, en parte, el motivo por el que tardaron varios meses en poner todo en marcha fue por que tuvieron que entender las regulaciones y necesitaban crear salsas que duraran más de una semana y estandarizar las recetas entre otras cosas.
Desde entonces crearon tres tipos de salsas distintas para condimentar y en enero de 2014 trasladaron la producción a Toluca, México, donde la madre de ella se ocupa de las operaciones que siguen siendo artesanales porque una decena de cocineras prepara las salsas con la receta de Meschoulam y de forma tradicional. “Fuimos a México porque necesitábamos los ingredientes precisos, los distintos chiles y tomates, y la única manera de lograrlo era estando allí, en Nueva York no conseguíamos siempre lo que necesitábamos”, dice la presidenta de la empresa. Y si hay algo que a este matrimonio quiere es ser fiel a las verdaderas tradiciones culinarias mexicanas.
La Fundidora empezó con un capital modesto. “$30,000, decidimos empezar con poco y lo que hemos ido ganando ha sido reinvertido”, explica Meschoulum. “Tomamos el consejo de una amiga especializada en start ups de comida y nos dijo que lo mejor es empezar poco a poco porque no se sabe si va a ir bien o mal y hay que ver cómo responde el mercado. Si la respuesta es buena siempre se puede hacer una apuesta mayor pero si empiezas a lo grande y no va bien puedes perder mucho”, explica Lorena Meschoulam.
La empresa tiene ganancias aunque no dan demasiados detalles, sus salsas se pueden encontrar en Dean & Deluca, Whole Foods, Union Market, West Elm y otros supermercados de Nyeva York. también comercializan en estados como Arizona y Ohio y mandan sus salsas a Marks & Spencer en el Reino Unido. “Como promedio hacemos unos 9,800 frascos de salsa al mes, algunas veces más”, explica.

Mientras estaban pensando lanzar una salsa más, la vinícola Ravenswood se puso en contacto con ellos a principios de este año para desarrollar productos con sus vinos. Ravenswood ya había hecho esto con una siracha y ahora quería dar el paso con la salsa de la Fundidora. “Fue un desafío unir la salsa con el vino pero en México no es inusual tener alcohol en las salsas”, explica Lorena Meschoulam. En apenas unos meses ya hay dos productos con Ravenswood, una empresa con la que ha habido una muy buena conexión desde el primer momento. “Es muy positivo para nosotros porque nos transfiere mucho reconocimiento”, explica.
La Fundidora están pensando en crecer y en cinco años quieren tener más presencia comercial, tener más presencia en Europa y ampliar la linea de productos. Vitali afirma que una vez que se quita la corbata con la que trabaja en el sector financiero su lado más creativo se activa y enseguida piensa en más recetas, marcas, logos. Su idea es trabajar para la empresa que dirige su esposa en el futuro, dice con buen sentido del humor.
Los retos
– “La logística, cómo transportar cuando vendíamos fuera de Nueva York”, explica Lorena Meschoulam antes de explicar que cuando empezó a visitar tiendas ella misma iba en el metro cargada de frascos.
– “Entrar en las tiendas y mantenernos”.
Lo más fácil
“Dejar mi anterior trabajo, fue fácil y gratificante. Me levanto siempre con una sonrisa, este es un trabajo fantástico”, explica ella. Su esposo tercia con sentido del humor que ella ha pasado a lidiar “con la incertidumbre en vez de seguir en un camino claro y aburrido”.